ARTE, LENGUAGE
Y JUSTIFICACIÓN DE LO FATUO
Uno
de los hitos más importantes en la historia de la lingüística fue, sin duda, la
publicación del Cours de linguistique
générale a principios del pasado siglo. En este cours unos estudiantes universitarios ginebreses recopilaron las
notas de su maestro, Ferdinand de Saussure, y así se inauguró el
estructuralismo, que aún enseña en las escuelas el llamado Signo lingüístico,
ese hallazgo teórico que dice que los términos que forman las lenguas están
compuestos por un significante (la sucesión de sonidos que forman físicamente
la palabra) y un significado (el referente real que la palabra designa).
Este
breve recordatorio del signo me lleva a reflexionar sobre si existe a veces
relación cierta entre lo que se dice y la realidad a la que lo dicho se refiere
cuando algunos artistas intentan explicar sus obras, o es simplemente la
mistificación bien planeada, utilizando nuestra hermosa lengua y convirtiéndola
en pura fatuidad. Leo en un suplemento una entrevista a un artista de lo contemporáneo
y el estupor me posee sin poder evitarlo. No voy a negar que, pongamos por caso, el
espectáculo de luz, color y conjunto de coreografías desplegadas en la
inauguración de unos juegos olímpicos sea arte; en absoluto, eso es algo que
realizan artistas y mueve algo en el interior de los espectadores, que es para
lo que sirve el arte, si es que el utilitarismo es lo que éste alguna vez persigue.
No, yo me refiero a otra cosa
El
hecho de titular una exposición Abstracción Biométrica es ya de por sí
presuntuosa. Si además el artista es un “referente
claro” del arte electrónico,
multimedia y la performance (sic), entonces de la
presuntuosidad se pasa a la fatuidad a la que aludimos. No es menos
impresionante para los ignorantes mortales no tocados por la Musa descubrir que
la obra artística titulada Tensión Superficial es un ojo gigantesco que nos
mira (“persigue al público”, dice el genial artista, como si no supiéramos que
un ojo retratado de frente siempre mira al espectador). Nuestro complejo de
inferioridad creativa va en aumento cuando nos detenemos a contemplar la obra Tape
recorders subsculpture 12, (¡12!) que forma parte de un grupo escultórico llamado
Polímeros (sí, han leído bien) unos cuantos metros de medir dispuestos en
paralelo a diferentes alturas sobre una pared blanca. Por si esto fuera poco,
nuestra miseria se acentúa cuando todo esto es “repetición de elementos para
generar paisaje y la búsqueda del antimonumento” (sic), y nos imaginamos al
artista llevándose el dedo corazón al puente de sus gafas con montura de diseño
espectacular para ajustárselas bien a su deífica nariz. Es entonces cuando leemos
que el trabajo del artista viene de la performance, y no es time based, sino event
based, y entonces nos vemos desplomados en un abismo de impotencia porque
nuestra ignorancia alcanza las simas más profundas y sórdidas en
las que todos estos conceptos resuenan en nuestro pequeño cerebro como una
pesadilla “¡Abstracción biométrica, tensión superficial, polímeros,
subsculptures, antimonumento, event based!”
Vaya sin embargo en descargo del artista que reconoce que en su estudio “todos
padecemos
de
déficit de atención”, y miras la foto, su sonrisa, su indumentaria, y te das
cuenta de cuán mezquina es tu vulgaridad, y una ráfaga insoportable de
insignificancia te confunde.
Lo peor de todo esto es que el lenguaje
pervertido para justificar el humo tenga rango de excelencia y lo acojan las
cuatro paredes de una sala de exposiciones, porque todo esto y cuanto he
omitido hiede a intelectualidad insultante; porque no hay equilibrio entre el
significante y el significado pese a la inmensa arbitrariedad del mismo, y lo que es arte
en un estadio es nada en una sala de reducidas dimensiones; porque los
supuestos artistas no andan por este mundo sino que se deslizan unos palmos por
encima de nosotros, y porque las performances
son sólo ocurrencias que la estulticia de ese mundillo disfraza con impresionantes fuegos de artificio, poniendo un espejo delante del espectador con el objeto de
que éste crea que el estúpido es él. Ignorante, vale, pero no estúpido. Oh mon Dieu, che frivolité!
Agosto 2014