lunes, 4 de agosto de 2014

CAJÓN DE ARTÍCULOS. ARTE, LENGUAJE Y JUSTIFICACIÓN DE LO FATUO



ARTE, LENGUAGE Y JUSTIFICACIÓN DE LO FATUO

   


    Uno de los hitos más importantes en la historia de la lingüística fue, sin duda, la publicación del Cours de linguistique générale a principios del pasado siglo. En este cours unos estudiantes universitarios ginebreses recopilaron las notas de su maestro, Ferdinand de Saussure, y así se inauguró el estructuralismo, que aún enseña en las escuelas el llamado Signo lingüístico, ese hallazgo teórico que dice que los términos que forman las lenguas están compuestos por un significante (la sucesión de sonidos que forman físicamente la palabra) y un significado (el referente real que la palabra designa).
    Este breve recordatorio del signo me lleva a reflexionar sobre si existe a veces relación cierta entre lo que se dice y la realidad a la que lo dicho se refiere cuando algunos artistas intentan explicar sus obras, o es simplemente la mistificación bien planeada, utilizando nuestra hermosa lengua y convirtiéndola en pura fatuidad. Leo en un suplemento una entrevista a un artista de lo contemporáneo y el estupor me posee sin poder evitarlo. No voy a negar que, pongamos por caso, el espectáculo de luz, color y conjunto de coreografías desplegadas en la inauguración de unos juegos olímpicos sea arte; en absoluto, eso es algo que realizan artistas y mueve algo en el interior de los espectadores, que es para lo que sirve el arte, si es que el utilitarismo es lo que éste alguna vez persigue. No, yo me refiero a otra cosa
    El hecho de titular una exposición Abstracción Biométrica es ya de por sí presuntuosa. Si además el artista es un “referente clarodel arte electrónico, multimedia y la performance (sic), entonces de la presuntuosidad se pasa a la fatuidad a la que aludimos. No es menos impresionante para los ignorantes mortales no tocados por la Musa descubrir que la obra artística titulada Tensión Superficial es un ojo gigantesco que nos mira (“persigue al público”, dice el genial artista, como si no supiéramos que un ojo retratado de frente siempre mira al espectador). Nuestro complejo de inferioridad creativa va en aumento  cuando nos detenemos a contemplar la obra Tape recorders subsculpture 12, (¡12!) que forma parte de un grupo escultórico llamado Polímeros (sí, han leído bien) unos cuantos metros de medir dispuestos en paralelo a diferentes alturas sobre una pared blanca. Por si esto fuera poco, nuestra miseria se acentúa cuando todo esto es “repetición de elementos para generar paisaje y la búsqueda del antimonumento” (sic), y nos imaginamos al artista llevándose el dedo corazón al puente de sus gafas con montura de diseño espectacular para ajustárselas bien a su deífica nariz. Es entonces cuando leemos que el trabajo del artista viene de la performance, y no es time based, sino event based, y entonces nos vemos desplomados en un abismo de impotencia porque nuestra ignorancia alcanza las simas más profundas y sórdidas en las que todos estos conceptos resuenan en nuestro pequeño cerebro como una pesadilla ¡Abstracción biométrica, tensión superficial, polímeros, subsculptures, antimonumento, event based! Vaya sin embargo en descargo del artista que reconoce que en su estudio todos padecemos de déficit de atención”, y miras la foto, su sonrisa, su indumentaria, y te das cuenta de cuán mezquina es tu vulgaridad, y una ráfaga insoportable de insignificancia te confunde.
    Lo peor de todo esto es que el lenguaje pervertido para justificar el humo tenga rango de excelencia y lo acojan las cuatro paredes de una sala de exposiciones, porque todo esto y cuanto he omitido hiede a intelectualidad insultante; porque no hay equilibrio entre el significante y el significado pese a la inmensa arbitrariedad del mismo, y lo que es arte en un estadio es nada en una sala de reducidas dimensiones; porque los supuestos artistas no andan por este mundo sino que se deslizan unos palmos por encima de nosotros, y porque las performances son sólo ocurrencias que la estulticia de ese mundillo disfraza con impresionantes fuegos de artificio, poniendo un espejo delante del espectador con el objeto de que éste crea que el estúpido es él. Ignorante, vale, pero no estúpido. Oh mon Dieu, che frivolité!

Agosto 2014