lunes, 4 de mayo de 2015

CAJÓN DE ARTÍCULOS: BABEL SOBRE EL PAPEL



BABEL SOBRE EL PAPEL

   “Penitenciagite! (…) la mortz est super nos! Ruega que vinga lo papa santo e liberarnos a malo de tutte le pecatta!(...)et mesmo jois  y placer m’es dolors!”.
    Con frases como éstas hablaba e intentaba comunicarse (lenguaje y comunicación, cosas distintas, que en ocasiones ocurren en hermosas bodas, en otras viven en triste divorcio), el personaje de Salvatore, en la novela de Umberto Eco El nombre de la Rosa. Adso, el joven e inexperto novicio que acompañaba en el relato al experimentado y sabio Guillermo de Baskerville, decía del franciscano deforme que él “habla todas las lenguas y ninguna”. Si bien el personaje es muy literario en su esencia, este fenómeno de hablar muchas lenguas y ninguna al mismo tiempo es muy frecuente hoy en día, siendo Salvatore su referente real –transmutado en hipérbole, claro está-, pues con más frecuencia se utiliza ahora, tanto en el lenguaje oral como sobre el papel, sobre todo en el ámbito de la comunicación, esta confusión de lenguas.
   Mi memoria extrajo de las sombras del olvido a Salvatore cuando, de vuelta de un viaje, cayó en mis manos una revista de esas dirigidas a un solo sexo, en este caso el mío, en las que el lector se supone que encontrará lo más trendy que deberá incorporar a su vida si no desea estar out. En ella, los temas consabidos del masculino sexo: últimos modelos de automóviles y nuevas tecnologías; moda y prohibitivos complementos de marca; templos gastronómicos sólo para unos cuantos bolsillos, o bares de copas de moda; negocios y empresas emprendedoras, y algún que otro perfil de quienes las dirigen o regentan, a saber, jóvenes triunfadores, por supuesto con apariencia Hipster y hermosa, que se colocan trajes a medida sobre sus bien cuidados cuerpos, ilustrados of course con algún que otro tatoo.
   Si bien la revista no refleja ni por casualidad la realidad de los españoles medios, quienes hacemos magia con nuestros ingresos, que somos triunfadores para nuestras madres, que nos vestimos en el Zara de un factory, o que tal vez llevemos en alguna ocasión algún saldo encontrado en Adolfo Domínguez y usamos un aftershave de doce euros, por el contrario sí es un vivo reflejo de cómo en un país en el que muy poca gente habla inglés y mucha menos habla inglés correctamente, los textos y los discursos están plagados de anglicismos que, quienes los usan, sólo son capaces de insertarlos en un único contexto y con un solo significado, inhabilitando el término para poder ser usado en otros distintos con diferentes significados. Pondré unos ejemplos tomados de un par de artículos (prometo que no miento: podrían leerlos si recordara el nombre de la revista, de la que, tras apuntar los términos, me deshice con estupor), que glosaré para abreviar. Veamos: Unos jóvenes empresarios utilizan el novedoso instant lab, que transportan en sus trunkers; por supuesto, utilizan crowdfunding y bitcoins, y poseen un wallet que usan en su startup. El uso de estos gadgets es imprescindible para estar totalmente updated (¡ay!).Por otra parte, para mantenerse en forma, por supuesto, búscate tu personal coach, y come bien: ahora se lleva, que lo sepas, la street food en food trucks. No puedes tampoco dejar de probar ser un bearded man aunque sólo sea por un tiempo y no te favorezca, o tener un estilo trendy, algo como, por ejemplo, un street style, ni dejar de asistir a las fashion weeks, donde se muestra el estilo de moda: el estilo British, con sus magníficos mix de prints.

   Tomen aire. No escribiré más. Si no han entendido del todo las palabras que se han transcrito al principio de este texto, no espero que entiendan todas las que acaba de leer. Todo ello refleja una moda, que no es la de hablar o usar dos lenguas, sino ninguna, ni inglés ni español, y mi estupor no lo causa la introducción de todos estos términos en aquel último, algo habitual cuando es el inglés la lengua que mueve la economía, sino su inutilidad y fealdad. Se trata de artículos escritos en lenguas de modernos Salvatores que resultan snobs  y cargantes, y, lo que es peor, a veces incomprensibles. Adso tuvo la Rosa, pero no su nombre. Nosotros tenemos el texto, pero no lo entendemos. ¿Qui diavolo é tutte iste mot che per la mia mamma et il meu para non capisco neanche per casualitát?. Yo recomiendo, sin duda, el Wordreference, excelente diccionario Online, o bien ser respetuoso con ambas lenguas. Tal vez lo último sea lo mejor.