PÁSAME LA BOTELLA
Francisco Javier Martos
Cuando Al
dijo a Cris que su coordinador general les había invitado a cenar el viernes, Cris no
pudo evitar poner una mueca de disgusto y decir:
-
apenas los conoces.
Yo nunca he visto a su mujer. No recuerdo ni su
nombre.
-
Raquel
-
¿Por qué nos
invitan?
-
Ya te he dicho
que yo sí tengo cierto trato con Estéfano. Es mi nuevo coordinador y le gusta
como trabajo. Es una oportunidad para consolidar mi situación.
-
Puedes proponerle
que te haga editor jefe.
-
De momento vamos
a cenar.
-
¿Tienen hijos?
-
Una chica adolescente
-
Podemos llevar el
vino.
-
Según el
protocolo del buen anfitrión el vino y el postre debe ponerlos éste. Podemos
llevar queso.
-
¿Desde cuándo
lees esas chorradas?
-
Sabes que soy muy
curioso.
-
Está bien. Mañana
compararé un surtido.
-
Estéfano es un
gentleman. Habrá que ir elegantes.
-
Me pondré el
vestido verde de brocado que tanto te gusta.
-
Estarás guapísima
cariño.
Encontraron
aparcamiento justo frente a la puerta de la casa, un bonito chalet de diseño
moderno con las terrazas con antepechos de cristal al aire y grandes ventanales
corridos. La planta superior estaba a oscuras, pero se veía Luz en La amplia
ventana del salón, que tenía los estores levantados. Llamaron al telefonillo
con cámara incorporada y la puerta se abrió al instante. Entraron. Al y Cris contemplaron el enorme y
cuidado jardín, y alcanzaron a ver los focos encendidos de la piscina que se
encontraba en la parte de atrás y tres buenos coches aparcados en la rampa del
garaje.
- preciosa
casa. Tienen tres coches.
Dijo Cris. Al se limitó a enarcar las cejas y poner
un gesto de estupor.
- no sabía que los coordinadores generales de una
revista de opinión pudieran permitirse esta mansión.
- Ella será rica
Llamaron a
la puerta principal y a ambos les sorprendió que les abriera una criada con
delantal y cofia.
- pasen por favor. Los señores les esperan en el
salón. ¿Me siguen?
La criada
debía ser dominicana o ecuatoriana a juzgar por su acento
- creo que dominicana -dijo Cris. – hemos traído unos
quesos variados para picar.
- Con gusto me los llevo señora.
La
siguieron hasta un espacioso salón-comedor, donde, al verlos llegar, los Valero
se levantaron y les recibieron. Un perro enorme se levantó también de algún
lugar del oscuro fondo del salón, solo iluminado por un par de lámparas de
mesilla que aportaban al lugar un ambiente agradablemente acogedor, y se
dirigió disparado hacia los desconocidos lanzando dos desagradables ladridos.
Antes de que la señora Valero pudiera presentarse con la mano extendida hacia
Al y Cris el enorme perro negro ya se había encaramado sobre sus patas traseras
sobre las piernas de Cris, llenando su precioso vestido de brocado de unas
babas blanquecinas, viscosas y húmedas.
- ¡no sabe cuánto los siento! , se apresuró a decir la
señora Valero - ¡Cristiana, trae unas toallitas para la señora López, rápido!-
Gritó, mirando hacia la puerta del salón.
Mientras la criada venía con las toallitas Estéfano
presentó a su mujer a Al y Cris, e inmediatamente aquel cogió al perro por el
collar y lo empujó hacia su rincón
- ¡Rusty, a tu rincón! Increpó al enorme animal.
- Estéfano, sabes que no me gusta que trates al perro
así. Lo sabes.
- Deberíamos llevarlo al jardín
- Sabes que me estropea las rosas y que se tirará a la
piscina y que no sabe nadar.
- Debería ahogarse o tragarse unas cuantas espinas.
Mira cómo ha dejado el vestido de Cris- la señora Valero lanzó una mirada
asesina a su esposo.
- No tiene gracia Estéfano.
- No importa, de veras - se apresuró a decir Cris. No
es nada.
En ese instante apareció Cristiana con las
toallitas, dándoselas a Cris, quien limpió las asquerosas babas de su vestido,
dejando unas manchas húmedas sobre él.
- Sentémonos en el sofá, por favor, - dijo la señora
Valero. Poneos cómodos.
Las parejas se dirigieron al sofá. Al se fijó en la
enorme mesa vestida para la cena que había a la derecha, junto a la amplia
ventana, equipada con una bonita vajilla de diseño moderno sobre un mantel
blanco inmaculado. Charlaron sobre la revista, los proyectos y la buena
situación que ésta atravesaba. Al y Cris esperaban que en algún momento les
ofrecieran algo de beber, pero no lo hicieron. Al, intentando provocar en su
coordinador el ofrecimiento de una copa pidió un vaso de agua.
- trae agua para el señor Cristiana. La jarra de
cristal. Les ofrecería algo más, pero ni Raquel ni yo bebemos alcohol. Tampoco
nos gustan los refrescos. A Raquel le provocan unos gases horribles.
- Agua está bien, dijo Cris con un eco de resignación
en su voz. De repente se vino abajo. Pensó que no iba a soportar una velada
larga sin que el vino al menos le ayudara a sobrellevar esas cenas con
desconocidos que odiaba. Pensó incluso en ofrecerse a salir a comprar una
botella, pero descartó la idea considerando que no era adecuado.
Hablaron de trivialidades. A la media hora Estéfano
sugirió pasar al comedor y sentarse a la mesa.
- ¡Cristiana, vamos a sentarnos ya a cenar! - gritó la
señora Valero. En ese preciso instante pareció como si un enorme meteorito
hubiera impactado en el comedor de la casa, dejando un cegador resplandor que
hizo palidecer a los dos matrimonios. Estéfano había encendido las luces del
comedor, cuatro potentes focos led que
daban al lugar una atmosfera fría y desagradable, como el quirófano de un gran
hospital.
- Así nos veremos mejor- añadió. Cris pensó que las
luces de la lamparilla eran más apropiadas
- Así nos veremos mejor las patas de gallo - susurró a
Al.-¡qué luz tan horrible!
Los dos matrimonios se dirigieron hacia la
lujosamente preparada mesa junta al ventanal, Al y Cris siguiendo los pasos de
sus anfitriones. Cris se dirigió a su marido de nuevo en un susurro
- no hay vino Al. Tira ese maldito libro que has leído
a la basura. Mira mi vestido. Ellos van vestidos de calle. Ese asqueroso chucho
ha arruinado mi precioso vestido. Las luces de las lamparitas estaban mejor.
Pareces un cadáver.
- Tranquila Cris. Tomaremos un whisky en casa cuando
regresemos. Mandaremos el vestido a la tintorería. Tú también pareces un
hermoso cadáver.
Ya sentados
a la mesa apareció Cristiana con unos canapés de apetitoso aspecto. Esto animó
a Cris, compensando su enfado por lo del vino y su vestido. Cris hizo un
comentario sobre la vajilla y fue entonces cuando Raquel acaparó la
conversación durante quince minutos.
- Las diseño yo. Soy diseñadora de cerámica y joyas.
Mientras Estéfano se dedica a sus causas políticas yo aporto la parte más
espiritual en nuestra relación. Es como un equilibrio, ya me entendéis. Él es
el militante que fustiga en su revista a
una sociedad en la que la desigualdad es lo que predomina así como la
injusticia social, y a aquellos que aún siguen estancados en esos prejuicios
burgueses que rechazan la globalización y el respeto por todas las personas,
vengan de donde vengan. Yo aporto equilibrio con el arte y la sensibilidad.
¿Verdad Estéfano? -dijo, girándose hacia su marido.
- Al y Cris escuchaban con atención, evitando echar
mano a los canapés por respeto, cuando en realidad lo que querían era devorar
los aperitivos en lugar de escuchar el estúpido discurso de Raquel. Cris se
preguntó por qué Cristiana no había servido el queso que habían traído. Al miro
por la ventana y se acordó de los tres coches y de Cristiana, y no pudo evitar
dibujar una cínica sonrisa cuando Raquel finalizó su estudiado manifiesto.
Justo al terminar y cuando Al se disponía a comentar su último artículo sobre
la globalización, apareció en el salón una chica de unos diecisiete años, corte
de pelo estrafalario, piercing en la
nariz y camiseta sin mangas de Sepultura.
- ¿está hecha la cena? - preguntó a Cristiana, quien
retiraba las bandejas vacías de los canapés.
- Hola cariño. Saluda
- ¿ Está mi cena?
Cris miró con estupor a la joven, y de repente
sintió algo húmedo sobre su pie izquierdo. Entonces se percató de que el enorme
perro negro se había colado debajo de la mesa y babeaba sobre sus zapatos.
- ¡dios santo, qué asco! Gritó
- ¡Maldito asqueroso animal de mierda! Dijo Estéfano
- ¡Sabes que no me gusta que hables así de Rusty! -Le
reprochó su esposa
- ¡Joder Raquel!- dijo, al tiempo que se levantaba y
agarraba al perro por el collarín arrastrándolo de debajo de la mesa- ¡tu madre
podría habernos regalado una puta Termomix en lugar de este maldito demonio,
Santo Dios!
- Sabes que no me gusta que hables de mi madre así por
dios Estéfano!
- ¡Está mi puta cena! Se escuchó preguntar a la joven.
Raquel se
levantó de la mesa y salió del salón con su hija, a quien se oía gritar a su
madre encanallada soltando reproches apenas inteligibles.
- disculpad, disculpad- dijo Estéfano visiblemente
violentado. ¡Cristiana, trae las toallitas por favor! ¡Rusty, a tu rincón! ¡Maldito
perro!
Cristiana
apareció de nuevo con las toallitas e hizo ademán de limpiar el pie de Cris. Se
habían levantado todos.
- ¿Me permite mi señora?
- ¡No, no, déjelo! , deme esas toallitas.
Raquel regresó al salón. Ahora se escuchaba gritar a
la joven quien probablemente estaría abroncando a Cristiana.
- es una edad horrible.- dijo- . La adolescencia. Esa
rebeldía, ese enfado con el mundo sin motivo. Ya pasará.
- Ahora llaman rebeldía a no dar ni los jodidos buenos
días. Lo que hay que hacer es bajarle los humos a esta amargada
- ¡Estéfano, sabes que no me gusta que hables así de
nuestra hija! Ustedes no tienen hijos, tengo entendido, ¿verdad?
- No nos lo hemos planteado de momento - contestó
Cris. Acabamos de instalarnos y Al lleva poco tiempo en la revista. No lo
creemos necesario por el momento.
En realidad
ni Cris ni Al deseaban tener hijos. Lo habían hablado y habían decidido ser una
de esas parejas sin hijos. No les apetecía decirlo según en qué foros porque no
lo comprenderían. Ya habían discutido en una ocasión con otros amigos y la cosa
no había terminado bien. Tampoco entendían ellos a la gente que tenía perros y
los trataban como a personas. Esa discusión también la solían evitar.
- no puedo comprender esas parejas que no quieren
tener hijos – Dijo Raquel. -Al y Cris se miraron y dibujaron una discreta
sonrisa en su rostro. - eso es egoísmo puro. Ser padre es difícil, pero
gratificante. Luego no te arrepientes.
- Bueno, yo no llamaría egoístas a aquellas parejas
que no quieren tener hijos. Es una elección libre - añadió Cris. También
podríamos pensar que otros tienen hijos por egoísmo, ¿no?
- ¡Qué disparate! ¡Ser padre es altruismo puro! -Dijo
Estéfano. Nos dejamos la piel y el dinero en educarlos para que sean como
nosotros, con nuestros valores y gustos. Educarlos en lo correcto, y guiarles
para que sus elecciones vitales sean de acuerdo con nuestras convicciones, que
sigan en cierto modo nuestros pasos, y eso no es fácil, conlleva muchos
sinsabores y esfuerzo. Pero como dice Raquel, es difícil, pero siempre
gratificante.
- Hay de todo - dijo Al. -La educación de los hijos no
es fácil ni difícil. Solo hay que educar correctamente, y para eso nada más hay
que formarse, ponerse en manos de los que saben de ello. ¿Cierto Cris?
- En efecto. Lo más importante es no abandonar a los
hijos. Quiero decir, estar pendientes de ellos durante las etapas determinantes
de la vida, educarlos en las emociones y darles mucho cariño cuando lo
necesitan y ser también firmes cuando es necesario, y sobre todo, ponerles
límites. Un niño que crece sin límites porque se le consiente todo se convierte
en un dictador cuando es adolescente y entonces es cuando empiezan los
problemas. Luego están los modales, claro, pero eso es más fácil. Sólo hay que
insistir. En eso también fallan muchos padres dejándolo pasar. Lo que no se
hace en su momento luego es difícil de corregir.
- Vaya, Cris -dijo Raquel, con tono de admiración-
para no tener hijos se te ve muy puesta.
- Soy psicopedagoga en un colegio. Estudié psicología
y pedagogía.
- No sabía nada - dijo Raquel
- Te lo he dicho varias veces cariño - apostilló Estéfano.
- Claro que el papel lo aguanta todo - añadió Raquel. -La
teoría es magnífica, pero la realidad es obstinada. Cuando tengan hijos verán.
- Bueno, eso es muy buena excusa para ciertos padres
que no han sabido educar a sus hijos, por abandono o por miedo a ser severos.
La autoridad y la disciplina no son malas si son pedagógicas. Yo puedo
ayudarles con su hija.
- ¿Con nuestra hija? ¿Acaso necesitamos ayuda?
-
Unos consejos no
nos vendrían mal Raquel, joder, admítelo! - dijo Estéfano.
Al y Cris
se sintieron incómodos. Al pensaba que ella no debía haberse metido en ese
berenjenal, que no valía la pena, porque en muchos casos los que necesitan
ayuda primero eran los padres. Ya habían tenido esas conversaciones y tampoco
habían acabado bien. En realidad casi ninguna conversación sobre hijos,
educación, perros o política acababa bien, pensó Al.
- ¡Cristiana, trae la cena ! Se limitó a decir Raquel.
- vamos a cenar.
Al y Cris agradecieron que Raquel no entrara al
trapo. Cristiana apareció con una bandeja y cuatro platos. Repartió los platos
que contenían un tartar de atún
rebozado de sésamo con un aspecto muy apetitoso y un wok de verduras con salsa de soja como guarnición. Todos alabaron
la cena. Pero había cierta tensión en el aire y Al y Cris se sentían algo
incómodos, pues todos comían en silencio. Al final la señora Valero de repente
volvió al tema de los hijos para sorpresa de sus invitados, quienes sintieron
una pereza profunda de hablar de ello de nuevo, pues sabían que habían dado con
hueso.
- Mi hija no necesita ayuda. Es una adolescente y
punto.
- No quise decir eso Raquel. Disculpe. Olvídelo.
- Mi hija se ha educado en los mejores colegios
privados y pasó un año en colegio inglés en Irlanda de mucho prestigio.
Necesita encontrar su camino. Solo eso.
Cris se
dispuso a decir algo para zanjar delicadamente la cuestión cuando sintió sobre
sus pies un peso enorme, dando un respingo en su silla algo asustada. Luego
miro bajo la mesa y vio a Rusty recostado sobre sus zapatos. Estéfano se dio
cuenta en el acto y se levantó con rapidez
- ¡otra vez! ¡Esto es intolerable! ¡El perro sale al
jardín ahora mismo!
- De eso nada - dijo Raquel- Rusty es así de familiar
y no hace daño a nadie.
- ¡No deja de molestar a Cris, por Dios Raquel!
- Bastará con que vuelva a su rincón
- A los cinco minutos estará aquí otra vez para que le
des comida. Ese es tu error. Le das comida y no nos deja en paz. ¡Estoy harto
de que me arañe pidiéndome un bocado joder por Dios!
- ¿Tienes que hablar de ese modo Estéfano?
- Disculpadnos, disculpadnos. ¡Salgamos con el perro
Raquel!
Raquel se
dispuso a contestar, pero su marido, arrastrando violentamenteal animal por el
collarín, la cogió por el brazo y ambos salieron del salón con Rusty, el cual
empezó a ladrar de una forma insoportable esparciendo babas blancas por todas
partes. Se les escuchó abrir la puerta principal y salir, discutiendo sin
levantar la voz en exceso, y después un portazo. Rusty ladraba como un perro
poseído por el mismo demonio y los ladridos se escuchaban perfectamente en el
salón, un tanto amortiguados.
- tras el postre nos disculpamos y nos marchamos Al.
Prométemelo. No han traído los quesos. No hay vino. Estoy llena de babas de
perro.
- Prometido. Ten un poco de paciencia.
Al poco los
Valero reaparecieron sin el perro. Ella, con un evidente gesto de disgusto, el
con una expresión crispada que trataba de disimular. Estéfano se disculpó de
nuevo y Cristiana sirvió el segundo plato, un solomillo a la plancha con guarnición
de brócoli hervido.
- brócoli hervido Cris, susurró Al mirándola.
Cris odiaba
el brócoli. Más de una vez había comentado que en las cenas de amigos había que
poner cosas que gustaran a todo el mundo y el brócoli no era una de ellas. Se
arrepintió en ese instante de no haber ido a comprar una botella de buen vino.
- Raquel, no quiero molestar, pero el agua no está lo
suficientemente fría para mí. Podría tener un poco de hielo? -pidió Cris
- ¡Ahora mismo faltaría más! Cristiana, trae hielo! -Se
apresuró a pedir Raquel.
Al instante apareció Cristiana con un vaso lleno de unos
ridículos cubitos de hielo de esos que hacen los frigoríficos en las bandejas
de plástico. Cris se echó algunos en el agua, los cuales se diluyeron en apenas
unos segundos. Al no pudo evitar reírse.
Al comenzó
a hablar del artículo que estaba escribiendo para el próximo número de la
revista. Era un artículo sobre los pros y los contras de la globalización. Estéfano
escuchaba mientras Al explicaba el enfoque del artículo. Raquel, que no había
dicho ni una palabra desde que Rusty fue expulsado al jardín, miraba
distraída a la pared sin mostrar el
menor interés.
- quiero en cierto modo centrarme en la falacia de la
aldea global como concepto de un mundo sin fronteras no físicas, sino culturales.
Creo que el patrimonio cultural de los países de oriente y occidente son muy
distintos, pero puede haber políticas para acercarlos, así como que intentar
que a quienes vienen a nuestras escuelas se les respete su religión y cultura,
pero también ellos deben integrar a la suya la del país en el que viven. Eso sí
sería un importante paso para que la llamada Aldea Global sea una realidad.
Cris
asintió. Raquel no entendió ni una sola palabra y Estéfano tardó en responder,
como si barruntara algo. Rusty no paraba de
ladrar en el jardín, intercalando ahora ladridos con aullidos.
- Al, ese enfoque no cuadra con la ideología de la
revista, con todos mis respetos. - dijo finalmente
Estefano. - ese enfoque no gustará a nuestros lectores. Sabes que el perfil es
clase media progresista y el respeto por las otras culturas está por encima de
las imposiciones culturales.
- No hablo de imposiciones Estéfano, sino de respeto
recíproco
- Los votantes progresistas no lo aceptarán
- ¿Votantes? Tenemos una revista Estefano
- Quise decir los lectores
Raquel se
sentía claramente incómoda. Había consentido
a regañadientes que Estéfano atara a Rusty en el jardín para no montar una escena pero sufría escuchando al perro.
- pobre Rusty – dijo Raquel.
- El vecino del chalet de aquí al lado tal vez se queje
- añadió Cris, por decir algo.
- No os preocupéis por eso - dijo Estéfano al
escucharlo - la casa de al lado está vacía. Los dueños la pusieron en venta
hace un mes. Bueno, más bien la viuda del bueno de Vicent. Murió el mes pasado.
- Vaya, lo siento.¿Eran amigos? - preguntó Al
- Jugábamos juntos al tenis. Una pena. Un hombre que
hacía diariamente tres horas de natación por la mañana, otras tres por la tarde
y luego un par de partidos de tenis y bicicleta. No tomaba una gota de alcohol.
- ¿De qué murió? Quiso saber Raquel
- Infarto de miocardio.
Rusty seguía
ladrando y aullando con desesperación. Era un ladrido bronco, con eco, grave y
desagradable, un ruido insoportable. Aullaba como un lobo al anochecer. También
lloriqueaba.
- puedo suavizar el enfoque, pero no quiero dejar de
omitir la idea de que tan importante es -insistió Al- , por ejemplo, que se
respete a un musulmán, su cultura, su atuendo, su lengua, como que si, por
ejemplo y a propósito de aquella noticia que publicamos, el director de un
colegio público ha prohibido montar un portal de Belén y cantar villancicos por
respeto a las familias de los alumnos inmigrantes, sea en sí mismo una medida
demagógica e intolerante que no tiene ningún sentido, una discriminación de
algo nuestro.
- ¿Demagógico? ¿Intolerante y discriminatorio? ¡Esos
términos no encajan con la ideología de nuestra revista, por Dios santo Al!
Rusty
comenzó a arañar la puerta de entrada sin parar de aullar y ladrar. La señora
Valero hizo ademán de levantarse pero Estéfano la retuvo cogiéndola del brazo.
- ¡Cristiana, la fruta por favor! ¿Tomarán algo de
fruta no?
- Yo, por mi parte, tomaré directamente el postre. La
fruta por la noche me es indigesta. -
explicó Cris
- ¡Cuánto lo siento Cris! Nosotros no tomamos postre.
No nos gustan los dulces, ni siquiera las rosquillas o las galletas –dijo
Estéfano.
- ¿un poco de queso tal vez? Yo creo que es también un buen postre- lanzo Al intencionadamente.
- tampoco es el queso santo de nuestra devoción- se apresuró a decir Raquel.
Rusty había
dejado de arañar la puerta y ahora parecía ladrarle a algo más allá de los
setos. Inesperadamente, sonó el timbre. Alguien llamaba insistentemente.
- ¿quién puede ser a estas horas Dios mío? Dijo Raquel
- ¡Joder Raquel!, ¡Quién diablos llama a la puerta así sino el
lerdo de tu hermano!
- ¡Sabes que no me gusta que llames a mi hermano lerdo,
Estéfano!
Aparecieron
en el salón un joven alto y corpulento con una horrible camisa de flores y una
mujer de su misma edad, delgada y ataviada con un vestido negro. El joven traía
una bolsa de plástico con una botella.
- ¡buenas noches a todos familia! Esperamos no ser inoportunos.
¡He traído un Johnny Double Black
cuñado con tu permiso y una bolsa de hielo! ¡No soporto esos cubitos diminutos
de las bandejas de tu frigorífico que se derriten en un abrir y cerrar de ojos!
Estéfano se
mostró claramente molesto. Le perturbaba la visita porque, como siempre, su
cuñado aparecía en el momento más inoportuno y sin avisar.
- ¡Cristiana trae unos vasos para whisky por favor!
Disculpen. Mi nombre es Albert. Mi mujer Clara. ¿Querrán un whisky?
Al y Cros se presentaron. Cris se alegró cuando
Albert sacó el Jonnhy y puso la botella negra sobre la mesa.
- yo si tomaría uno Albert - dijo Cris, pensando que
al fin podría beberse algo para sobrellevar la reunión.
- A mí me gustaría, pero me abstendré esta vez. He de
conducir.
- Cuñado, ¿un whisky? - preguntó a Estéfano
- Sabes que no bebemos - respondió Estéfano claramente
molesto
- Cierto, cierto. Ya os lo habéis bebido todo antes, ¿verdad
hermanita? - dijo, soltando una sonora carcajada.
- ¿A qué viene eso Albert? ¡Podrías ser más
considerado!. Te he dicho muchas veces que no me gusta que aparezcas sin
avisar.
- Pasábamos por aquí hermanita. Sólo una copa y nos
vamos. Rusty está jodido ¿eh?. Habrá sido malo de verdad esta vez. Me ha extrañado
verlo atado en el jardín.
El animal
continuaba con su repertorio de ladridos, gruñidos, aullidos y lloriqueos,
causando el mismo efecto que una alarma que ha saltado de repente y nadie puede
desconectar.
Cristiana trajo los vasos. Albert sirvió las bebidas
de Cris, su mujer y la suya y se dirigió a Al
- Al, disculpa, pero tú debes ser la nueva
incorporación a la revista. Mi cuñado te halaga constantemente.
- Sí. Gracias. Aún estoy adaptándome.
- Y tú, Cris, ¿a qué te dedicas? –Cris bebía su whisky
a largos tragos.
- Trabajo en un colegio. Soy del gabinete
psicopedagógico.
- Albert es profesor –dijo Raquel
- Tengo un compañero que piensa que desde que los
psicopedagogos se metieron en los colegios lo han jodido todo –Cris no
respondió
- Pásame la botella Al, por favor –se limitó a decir.
- Yo no lo creo. Yo soy profesor de secundaria y tengo
mis motivos para criticarlos, pero el asunto sí está jodido. Jodido de verdad.
Aquí mi cuñado no deja de publicar artículos sobre las bondades de la enseñanza
pública, pero está manga por hombro, ¿no es cierto cuñado? Por eso mi sobrina
se ha educado en los colegios privados más exclusivos de la ciudad.
- ¡Qué tonterías dices Albert, por Dios santo! ¡deja
de hacer comentarios inoportunos! Eso no tienen nada que ver. ¡y no bebas tanto
whisky!. Beber tanto whisky te puede matar.
- ¡Lo único que se le ha pegado de las monjas es que
va siempre de negro, joder! –y volvió a soltar esa desagradable y estentórea
carcajada.
Estéfano
arrugó el mantel cerrando el puño con fuerza hasta que los nudillos se le
volvieron blancos.
- Y eso es la verdad cuñado. En tu revista a la
iglesia del país le dais por todos lados. No es que no esté de acuerdo con ciertas
cosas, pero del resto de los credos del país..¿qué me dices cuñado?
- ¿Has venido aquí a esto, sin avisar, y viendo que
tenemos invitados?¡Eres un gilipollas! –dijo Estéfano, claramente fuera de sí.
- ¡Eh, eh, un respeto cuñado!
- ¿Ya te has despachado a gusto, hermano, ya, por dios
santo? –dijo Raquel, mientras alunas lágrimas comenzaban a formarse en sus
brillantes pupilas
- ¿Queréis dejar de decir tanto “por Dios santo”? no
cuadra con vuestro agnosticismo –dijo Albert, mostrando satisfacción por haber
metido el dedo en la llaga.
- Pásame la botella Cris. Me pondré un trago.
- Échame a mí un poco más antes, Al.
Entonces Estéfano se levantó de la mesa y se dirigió
a su cuñado en tono autoritario y levantando la voz, extendiendo su brazo
derecho hacia él con el índice apuntándole a los ojos.
- ¡Mira, Albert, ahora mismo… - en ese instante Raquel
soltó un grito.
- ¿Qué pasa cariño?
- ¡Rusty ya no ladra!
Hubo un silencio en el salón. Todos callaban para
comprobar que el perro había dejado de ladrar. El silencio era irrefutable,
después de más de una hora de soportar los insufribles ladridos del animal. Raquel
salió disparada hacia el jardín. Los demás se levantaron.
- ¡Rusty se ha
soltado Estéfano!- se escuchó decir a Raquel en la distancia. Todos salieron,
Albert con su vaso de whisky en la mano. En ese instante Raquel comenzó a
chillar e imprecar y decir “no” una y otra vez desde la parte de atrás de la
casa
- ¡Rusty se ha
ahogado! ¡Rusty se ha ahogado! ¡allí está, flotando en la piscina! ¡está muerto
Estéfano, y tú tienes la culpa!
-
¡tranquila
cariño! ¡tranquilízate!
-
¡míralo, no se
mueve!
-
Beber tanta agua
te puede matar –dijo Abert, y soltó una de sus carcajadas. Él, su mujer Al y
Cris se habían quedado en la puerta principal, sin atreverse a acercarse a la
piscina. Al instante apareció Estéfano.
- Al, Cris. Lo
siento. He de llamar a la policía. No sé qué se hace en estos casos. Gracias
por vuestra visita, de veras. Nos vemos pronto.
Al y Cris se despidieron y se marcharon. La noche,
cálida, ofrecía un espectacular cielo nocturno plagado de titilantes estrellas.
Cris, echada hacia atrás en su asiento las contemplaba a través de la
ventanilla. La carretera estaba desierta y a lo lejos se veían ya las luces de
la ciudad. Al y Cris no habían dicho una sola palabra por el camino. Cuando
enfilaron su calle Cris habló.
-
Al
-
¿sí cariño?
- Te quiero –dijo,
mirándolo. Al se volvió, sonriendo.
-
Yo también te quiero
Cris. Volvamos a casa.
El coche se perdió entre las sombras que aumentaban el resplandor de la ciudad en el horizonte.