miércoles, 22 de junio de 2022

ASCENSO Y CAÍDA DE LA ATLÁNTIDA

 


 

ASCENSO Y CAÍDA DE LA ATLÁNTIDA

 

   Atenas, principios del siglo IV a.C. O bien a.n.e., como quiera que haya de escribirse ahora. El filósofo Platón tiene una avanzada edad y ha escrito su último diálogo completo, el Timeo, y está enfrascado en la redacción de Critias, que dejaría inconcluso. A este último probablemente hubiera seguido el Hermógenes, conformando una trilogía, pues son estos tres amigos del filósofo quienes se reunieron con él para hablar sobre el devenir del mundo. En los dos primeros, Platón utiliza el relato de la Atlántida a modo de mito alegórico para ejemplificar el ascenso y la caída de una civilización próspera que comete el error de corromperse.

   A mi juicio, se ha perdido demasiado tiempo y empleado tinta en exceso por parte de historiadores, filólogos y otros investigadores con el fin de dilucidar qué lugar fue la Atlántida, y dónde hay que buscar sus ruinas sumergidas, pues, según narra Platón, “se abismó en el mar y desapareció”. Quienes estén familiarizados con sus diálogos (discúlpenme que piense que cada vez menos personas) saben que los llamados mitos alegóricos que en ellos aparecen, como el mito de Aristófanes o el del tronco alado sobre la condición humana, La alegoría de la caverna, sobre la liberación y la ascensión espirituales, o el mito de Er, el armenio, sobre el destino de las almas, son usados, como hemos dicho, como ejemplos para esclarecer una hipótesis filosófica, que es la finalidad de las alegorías, y no hay que prestar demasiada atención a los detalles descriptivos, sino solo a su significado.

   La Atlántida, si aplicamos la navaja de Okham, es un nombre inventado. Su localización más allá de las columnas de Heracles, el estrecho de Gibraltar, es irrelevante, aunque los arqueólogos del misterio siguen buscando sus ruinas en vano en algún lugar cerca de Sancti Petri, El puerto de Santa María, Sanlúcar de Barrameda y el coto de Doñana. A mi juicio, es simplemente Gadir, es decir, Cádiz, pues la descripción de Platón se ajusta a lo que esta ciudad fue en la antigüedad, y a sus reyes, los fenicios, quienes “poseían la Libia hasta Egipto y Europa hasta la Tirrenia”, es decir, tenían la hegemonía del Mediterráneo, desde más allá del estrecho hasta Italia y Grecia, como prósperos comerciantes que eran. Cádiz fue uno de sus más importantes emporios, como la arqueología ha llegado a confirmar.

   Pero no es este aspecto del mito alegórico lo que ahora nos interesa, sino su significado. Estos tres Atenienses junto con Platón se reunieron simplemente para hablar del ocaso de una orgullosa Atenas que había llegado a alcanzar el mismo apogeo que la Atlántida, ocaso del cual ellos mismos eran testigos lúcidos y, al parecer, la mayoría de sus compatriotas no. Platón, Timeo, Critias y Hermógenes comprenden, a través del mito de la Atlántida, que las ciudades que en un día fueron prósperas y utilizaron bien sus riquezas y vivían “sin dejarse embriagar por el exceso de fortuna, no perdían el dominio de sí mismos y caminaban con rectitud” pues el principio divino predominaba sobre el humano, subsistirían para siempre. Sin embargo, “cuando comenzó a dominar en ellos el carácter humano, entonces, incapaces ya de soportar su prosperidad presente, cayeron en la indecencia”, y desaparecieron, engullidas por la justicia divina.

   Cada cual aplique el mensaje del mito alegórico de la Atlántida a nuestro presente. Encontrará múltiples ejemplos, infinitos, en todos los ámbitos de la existencia. Platón forma parte de nuestra cultura clásica. Y otra vez tenemos que volver a recordar que hacer desaparecer ésta, el Latín, el Griego y la Filosofía, como llevan intentando los sucesivos gobiernos de este país durante décadas, tiene una finalidad clara, tan propia de ellos: que los ciudadanos carezcan de referentes para pensar por sí mismos. Aún nos perdemos en vanas disquisiciones sobre si éste o aquél es facha o rojo, extremo facha o extremo rojo, moderado o centrista. Seguimos cayendo en su trampa. Lo que hay que ser es culto, es absolutamente necesario. Debemos salvar las humanidades del abismo y educar la estulticia y el lerdo analfabetismo de quienes han criticado al estudiante de Madrid que, habiendo obtenido la nota más alta de selectividad, va a estudiar una carrera "sin salidas", (filología Clásica), por ejemplo. Qué agotamiento.