ASCENSO Y CAÍDA DE LA ATLÁNTIDA
Atenas, principios del siglo IV
a.C. O bien a.n.e., como quiera que haya de escribirse ahora. El
filósofo Platón tiene una avanzada edad y ha escrito su último diálogo
completo, el Timeo, y está enfrascado en la redacción de Critias,
que dejaría inconcluso. A este último probablemente hubiera seguido el Hermógenes,
conformando una trilogía, pues son estos tres amigos del filósofo quienes se
reunieron con él para hablar sobre el devenir del mundo. En los dos primeros, Platón
utiliza el relato de la Atlántida a modo de mito alegórico para ejemplificar el
ascenso y la caída de una civilización próspera que comete el error de
corromperse.
A mi juicio, se ha perdido
demasiado tiempo y empleado tinta en exceso por parte de historiadores, filólogos
y otros investigadores con el fin de dilucidar qué lugar fue la Atlántida, y
dónde hay que buscar sus ruinas sumergidas, pues, según narra Platón, “se
abismó en el mar y desapareció”. Quienes estén familiarizados con sus diálogos
(discúlpenme que piense que cada vez menos personas) saben que los llamados
mitos alegóricos que en ellos aparecen, como el mito de Aristófanes o el del
tronco alado sobre la condición humana, La alegoría de la caverna, sobre la
liberación y la ascensión espirituales, o el mito de Er, el armenio, sobre el
destino de las almas, son usados, como hemos dicho, como ejemplos para
esclarecer una hipótesis filosófica, que es la finalidad de las alegorías, y no
hay que prestar demasiada atención a los detalles descriptivos, sino solo a su
significado.
La Atlántida, si aplicamos la
navaja de Okham, es un nombre inventado. Su localización más allá de las
columnas de Heracles, el estrecho de Gibraltar, es irrelevante, aunque los
arqueólogos del misterio siguen buscando sus ruinas en vano en algún lugar
cerca de Sancti Petri, El puerto de Santa María, Sanlúcar de Barrameda y el
coto de Doñana. A mi juicio, es simplemente Gadir, es decir, Cádiz, pues la
descripción de Platón se ajusta a lo que esta ciudad fue en la antigüedad, y a
sus reyes, los fenicios, quienes “poseían la Libia hasta Egipto y Europa
hasta la Tirrenia”, es decir, tenían la hegemonía del Mediterráneo, desde
más allá del estrecho hasta Italia y Grecia, como prósperos comerciantes que
eran. Cádiz fue uno de sus más importantes emporios, como la arqueología ha
llegado a confirmar.
Pero no es este aspecto del mito
alegórico lo que ahora nos interesa, sino su significado. Estos tres Atenienses junto
con Platón se reunieron simplemente para hablar del ocaso de una orgullosa Atenas
que había llegado a alcanzar el mismo apogeo que la Atlántida, ocaso del cual ellos
mismos eran testigos lúcidos y, al parecer, la mayoría de sus compatriotas no. Platón,
Timeo, Critias y Hermógenes comprenden, a través del mito de la Atlántida, que
las ciudades que en un día fueron prósperas y utilizaron bien sus riquezas y
vivían “sin dejarse embriagar por el exceso de fortuna, no perdían el
dominio de sí mismos y caminaban con rectitud” pues el principio divino
predominaba sobre el humano, subsistirían para siempre. Sin embargo, “cuando
comenzó a dominar en ellos el carácter humano, entonces, incapaces ya de
soportar su prosperidad presente, cayeron en la indecencia”, y
desaparecieron, engullidas por la justicia divina.
Cada cual aplique el mensaje del
mito alegórico de la Atlántida a nuestro presente. Encontrará múltiples ejemplos,
infinitos, en todos los ámbitos de la existencia. Platón forma parte de nuestra
cultura clásica. Y otra vez tenemos que volver a recordar que hacer desaparecer
ésta, el Latín, el Griego y la Filosofía, como llevan intentando los sucesivos gobiernos de este país durante décadas,
tiene una finalidad clara, tan propia de ellos: que los ciudadanos carezcan de
referentes para pensar por sí mismos. Aún nos perdemos en vanas disquisiciones
sobre si éste o aquél es facha o rojo, extremo facha o extremo rojo, moderado o
centrista. Seguimos cayendo en su trampa. Lo que hay que ser es culto, es
absolutamente necesario. Debemos salvar las humanidades del abismo y educar la
estulticia y el lerdo analfabetismo de quienes han criticado al estudiante de
Madrid que, habiendo obtenido la nota más alta de selectividad, va a estudiar
una carrera "sin salidas", (filología Clásica), por ejemplo. Qué agotamiento.