martes, 2 de septiembre de 2025

 


OCLOCRACIA


   

   Cuando en mis clases de Cultura Clásica toca abordar el estudio de la Historia de Roma, mis alumnos saben que, tras analizar los hechos (bien sea sobre la Monarquía, la República o el Imperio), les voy a pedir que conectemos tales hechos con la actualidad de nuestro país en primer lugar, y del resto del planeta a continuación. Y no sólo lo hacemos con la historia, sino también con la lengua, el léxico, la ciencia y la cultura en general (arte y literatura) del Mundo antiguo, pues esa es su verdadera utilidad: intentar que reflexionen y, con los hechos en la mano, razonen de manera crítica y autónoma. Solemos analizar en profundidad la etapa de la República Romana, sobre todo su etapa final, a partir del asesinato del dictador Julio César en el año 44 a.C. (hay todavía mucha gente que cree que César fue un emperador romano, “craso” error), la formación del 2º Triunvirato y la posterior proclamación de César hijo, es decir, Octaviano, como Augusto por parte del Senado de Roma en el año 27 a.C., tras la batalla de Actium donde derrotó a su rival Marco Antonio, convirtiéndose en el primer emperador romano.

   Esto nos lleva a otro debate: el uso de los términos “dictador”, “emperador”, “monarca”, para los gobernantes, o bien de otros como “oligarquía”, “aristocracia” o “democracia”, este último más familiar para ellos. El debate gira en torno al hecho de que se trata de términos que, en el primer caso, hacen referencia a una misma realidad política (el gobierno en manos de una sola persona) y, en el segundo, a sistemas de gobierno que hacen referencia a la participación en el gobierno de un estado del pueblo (democracia) o su exclusión de él, en el caso de los otros dos términos. En este punto hablamos de Polibio, un historiador de origen griego del s. II a.C. pero nacido en una Grecia ya bajo el dominio romano. Polibio escribió una Historia de Roma a partir del año 260 a.C. hasta su época, centrándose sobre todo en las guerras que los romanos tuvieron contra los cartagineses (Guerras púnicas). Polibio fue el inventor de, por un lado, el término Anaciclosis que analiza la evolución de los regímenes políticos hasta su inevitable degeneración, y, por otro, de la norma política que afirma que los tres regímenes políticos existentes en la antigüedad, la monarquía, la aristocracia y la democracia, degeneraban, según el principio de anaciclosis, en tiranía, oligarquía y oclocracia respectivamente.

   Es interesante, por tanto, el debate que se crea en el aula sobre un tema que atañe profundamente a nuestros estudiantes y que ellos suelen ignorar. Yo insisto en despertar su interés, en que conozcan qué es cada cosa y reflexionen sobre nuestra realidad política, pues en breve podrán participar dando su voto en las elecciones, voto que debe ser reflexionado a partir del conocimiento, y no arrojado a las urnas fruto de una manipulación, una costumbre, una imitación o simplemente la ignorancia, como así sucede en muchos casos.

   Detengámonos en la oclocracia, la degeneración de la democracia. Cuando una persona formada y no manipulada escucha o lee los medios de comunicación, cae en la cuenta enseguida de que éstos han degenerado, se han vendido al mejor postor político al que servirán a cambio de un estipendio obtenido de manera inmoral, manipulando la realidad para favorecer al poder político, ocultar o suavizar (hoy en día se utiliza el término “blanquear”) la profunda corrupción en la que la política española está inmersa, y, lo que es peor, consolidando el bipartidismo, pues el poder político se lo quieren repartir siempre los mismos para vivir de tal prebenda, cortando las alas a cualquier otra fuerza emergente que pueda desplazarlos. Esto puede ser un síntoma de la oclocracia que hoy impera en nuestro país.

 Por otra parte, aclarado ya el significado de oclocracia (la democracia degenerada), debemos centrarnos en los sujetos que la ejercen, el demos, el pueblo, los ciudadanos. Éstos, cada vez más obnubilados por las redes sociales y sus mentiras, las cuales además alientan el odio y la confrontación civil (lo cual ha existido y existirá siempre que haya una parte emaciada intelectualmente de la población), han llevado a nuestra sociedad a una oclocracia no en ciernes, como pudiera parecer, sino ya consolidada en ésta. Entonces se manifiesta el problema: si el cambio social depende del pueblo cuando vota, y ese voto luego se diluye en pactos nefandos entre políticos con el alma podrida por el poder y el dinero consiguiendo que siempre se repartan el pastel del poder político los mismos, entramos en un bucle perpetuo que solo puede interrumpirse acabando con ese binomio de poder. Pero la oclocracia lo impide por causa de la ignorancia. Podríamos preguntar a la masa por qué tal partido es bueno para el país y aquel otro puede resultar nefasto (pueden verlo en Youtube): no lo saben. Repiten frases que han oído pero nunca contrastado, siguen una senda como las ovejas que, cabizbajas, se dejan llevar por el rebaño, hundidas como están en la Caverna platónica, porque nunca han pensado por sí mismas. Y ese es el fracaso que la educación debe evitar. Las personas debemos ser libres, cultas, reflexivas, autónomas y estar dotadas de un sólido espíritu crítico.

   Para concluir me gustaría insistir en que estas líneas, que tiene, a mi juicio, bastante de discurso epidíctico (reto a cualquiera que refute con hechos lo que aquí he expresado), pueden zozobrar en un mar que ya alberga demasiados naufragios educativos, cuando entre los educadores se cuentan también miembros de esa oclocracia. Se utilizan hoy términos como “nazi”, “fascista”, “extrema derecha o izquierda”, y otros que sólo pretender denigrar al adversario sin más argumentos, de la misma forma que se sigue utilizando el término “democracia” y, a los anteriormente citados, “anti-demócratas”, sin percatarnos de que ya no vivimos en una democracia, sino en su degeneración. Polibio siempre tuvo razón.


viernes, 11 de julio de 2025

LIBROS DE ESTÍO. MITOLOGÍAS.

 




MITOLOGÍAS

 

   Los días de verano, concretamente aquellos que conforman las anheladas vacaciones de todos nosotros, constituyen el momento idóneo para elegir nuevas lecturas. En el Museo de Alejandría pensamos que el período estival es idóneo para acercarse a la mitología grecolatina adquiriendo algunos de los preciosos libros que sobre ella se publican actualmente, de los que hago una pequeña selección al final a modo de recomendación.

    Explicar la naturaleza de los mitos no es empresa simple, pues éstos están revestidos de cierta complejidad histórica relacionada a su vez con el pensamiento religioso de la antigüedad, puesto que los dioses y las diosas del panteón grecorromano constituyen una parte de sus creencias y están asociados a no pocos ritos de las religiones griega y romana. Estos dioses y las historias de las que son protagonistas o deuteragonistas son distintas de las creencias más primitivas de griegos y romanos, cuya religión comienza por la contemplación de ritos arraigados a la tierra, la fertilidad femenina, la casa y los dioses domésticos, muy distintos de los hermosos dioses de la tercera generación, hijos de Crono y Rea, y sus descendientes, los dioses y diosas que conforman el panteón romano más conocido. Los mitos, sin embargo, se desarrollaron a lo largo de la historia de Grecia, y los más arcaicos se distinguen de los más modernos, habida cuenta también de que en muchos casos existen distintas versiones para los mismos mitos.

   Además, hay varios tipos de mitos, según la época de la historia de Grecia en la que se crearon. Predominan entre ellos los llamados mitos etiológicos (del griego aitía, causa) es decir, aquellos que justifican a través de un relato (que es lo que significa mythos en griego clásico) el nombre de un lugar, una persona, o cualquier elemento natural para el que los griegos inventaron una historia porque probablemente ignoraban su verdadero origen, antes de que la filosofía indagara de manera racional sobre el porqué de las cosas. Por ejemplo, un mito etiológico es el de El Minotauro, ese ser monstruoso compuesto por un cuerpo humano y una cabeza de toro, fruto de la unión de Pasífae, la esposa del rey de Creta Minos, y un toro, unión abominable propiciada por Zeus como castigo porque Minos no quiso sacrificar su mejor toro en su honor. En los nombres de Minos y minotauro ya se oculta un mito etiológico, pues la cultura minoica localizada en Creta y sus islas adyacentes recibe su nombre a partir de este ¿mítico? rey de una cultura autóctona que precedió a la entrada de los indoeuropeos en Grecia y que fue conquistada por éstos, conocidos como griegos micénicos. El minotauro, símbolo de la ira de Zeus por causa de la insubordinación de un mortal, es un ejemplo de la crueldad de los dioses griegos, de su despotismo. Minos decide, una vez engendrado el monstruo, encerrarlo en un laberinto que construirá Dédalo, personaje para quien también los griegos inventarían un mito. Pero el relato continúa. En una competición atlética celebrada en Atenas durante las fiestas panateneas, Androgeo, uno de los hijos de Minos, participa en varias pruebas de las que sale vencedor. El celo del rey Egeo le lleva a acabar con la vida del héroe, lo que provoca la ira de Minos que deriva en una guerra entre ambas ciudades. Minos resulta vencedor y exige un tributo excesivo: que el rey ateniense entregue anualmente a siete vírgenes y siete jóvenes de la ciudad para que sirvan de alimento al Minotauro. Tras varios años pagando este tributo, Teseo, Hijo de Egeo, decide poner fin a este sacrifico salvaje y parte hacia Creta como uno de los siete jóvenes del tributo, con la intención de acabar con la vida tan nefanda bestia. Con la ayuda de la hija del rey Minos, Ariadna, enamorada del héroe, a quien entrega una madeja de hilo, Teseo puede salir de la trampa letal del laberinto sin perderse después de dar muerte al Minotauro.

   A su regreso, Teseo olvida una promesa que había hecho a su padre Egeo antes de partir: que sustituyera la vela negra de su embarcación por otra blanca si su empresa había sido fructuosa, o su tripulación dejara la vela negra si moría en el intento. Al acercarse a Atenas, Egeo vislumbra en el horizonte la embarcación con la vela negra, y, desesperado, se arroja al mar y fallece. En su honor, el mar interior de Grecia se llamará mar Egeo. Este relato muestra claramente las características de un mito etiológico; y su simbolismo apunta hacia una justificación por parte de esos primeros griegos, belicosos y conquistadores, de la asimilación de las culturas pre-helénicas a las que aportaron la civilización y el progreso, precisamente a unos pueblos (los Minoicos y la civilización Cicládica) que poseían ya una rica civilización, una escritura y una religión bien definida y de carácter matriarcal, que los griegos indoeuropeos sustituirían por otra de carácter patriarcal. Otros mitos etiológicos como el de Narciso y el de Perséfone explican, respectivamente, el origen de esta flor de ribera y las estaciones del año. El mito de Hera y Argos, por su parte, justifica por qué los pavos reales tienen “ojos” en las plumas de su espectacular cola, y así sucesivamente. Por otro lado están los catasterismos, es decir, la transformación de seres humanos o animales en constelaciones propiciadas por algún dios, proporcionando a aquellos una segunda vida en el cosmos. Finalmente tenemos las metamorfosis o transformación de un ser humano en una animal, planta o cualquier otro elemento de la naturaleza, generalmente como consecuencia de un castigo divino, como por ejemplo las metamorfosis de Dafne en laurel, de Io en ternera, Asteria en codorniz o Acteón en venado.

   La mitología griega, que los romanos usaron adaptándola a su cultura, es, por lo tanto, muy rica en relatos que aportan explicaciones irracionales a los fenómenos naturales, así como desarrollan episodios donde se da cuenta de la naturaleza humana y divina, de los defectos y también bondades de los primeros, de la crueldad y también magnanimidad de los segundos. Además, desde el renacimiento, la mitología fue fuente inspiradora para el arte, como lo fue en la antigüedad grecolatina, y los mitos poblaron las paredes de los excelsos palacios italianos con frescos y animaron sus estancias con la abundante estatuaria que hoy en día llena las salas de los museos de toda Europa. Por otra parte, pasear por las calles de las ciudades donde vivimos también depara a veces que nos encontremos con cualquier obra de arte que representa un mito, y solo quien estudia mitología clásica es capaz de explicar su historia y nombrar a sus protagonistas. También los mitos se han introducido en los cómics, los videojuegos y la publicidad, que hace uso constante de ellos.

   Si planteáramos una pregunta al estilo de un programa televisivo de contenido cultural que indaga en la relación entre dos realidades que, en apariencia, no tienen nada entre sí, podríamos comprobar cuán extensos son los tentáculos de la mitología. La pregunta es: ¿qué relación tiene El Real Madrid con Guido Reni? El trabajo de indagación nos llevaría a toparnos, en primer lugar, con que el pintor italiano del siglo XVII realizó al menos dos versiones pictóricas del mito de Atalanta e Hipomenes. En este mito se relata cómo un oráculo previno a Atalanta de que si se desposaba, se transformaría en animal. Por ello los dioses la dotaron de una particular velocidad corriendo. Cuando un pretendiente la cortejaba, ella les retaba a una carrera que debían ganar para desposarse con ella, empresa imposible. Pero Hipomenes recurrió a la astucia y, con ayuda de Venus, obtuvo las manzanas de oro del jardín de las Hespérides (otro mito independiente, así como el de Atalanta, perteneciente al cortejo de Diana, y, por tanto, consagrada al celibato) que iba arrojando al suelo durante la carrera. Atalanta se detenía para recogerlas, y así, resultó victorioso, uniéndose a Atalanta, quien creía que el oráculo quedaba así anulado. Ambos amantes deciden rubricar su unión en un templo dedicado a Cibeles (a veces identificada con Artemisa-Diana), diosa de la naturaleza, quien se enojó por esta profanación y los convirtió en leones para que tiraran de su carro. En este punto ya hemos resuelto el enigma, pues la fuente de Madrid con Cibeles sentada en su carro tirado por Atalanta e Hipomenes metamorfoseados en leones es donde el equipo blanco celebra sus trofeos ligueros.

   Así podríamos continuar hasta llenar muchas páginas de muchos libros. Hablemos ya, por fin, de algunos de ellos En los escaparates de las librerías pueden adquirirse varios que voy a recomendar aquí para concluir. Se ha publicado un precioso libro de gran formato y magníficas ilustraciones titulado Grecomanía, de las italianas Emma Giuliani y Carole Saturno, destinado a un público joven, publicado por Maeva Young. Un mito con gran carga simbólica sobre el castigo del esfuerzo inútil es el mito de Sísifo, novelado por Pol Guise, un divulgador aceptable de la mitología griega, en el libro Sísifo, el hombre que engañó a la muerte, publicado por Temas de Hoy. Un clásico es el libro de Mary Renault La máscara de Apolo, publicado por Edhasa hace décadas y reeditado en español recientemente. Para la leyenda de Odiseo, hay una magnífica edición ilustrada de la Odisea, un gran libro de aventuras que un lector moderno y no especializado puede leer perfectamente, con espectaculares dibujos de Miguel Brieva, en Planeta Cómic. La novela Las miradas de Medusa, de Natalie Haynes y publicada en Salamandra, con subtítulo La vida de la infame Medusa como nunca de la habían contado, revisa este mito destacando el papel de Medusa como víctima, no como culpable de una profanación que llevó a los dioses a convertirla en monstruo. Destaco en penúltimo lugar un precioso libro, Mythos, Guía ilustrada de mitología griega, de Carlota Santos. Las ilustraciones, de extrema calidad, son un complemento necesario para aprender mitología, pues la memoria visual nos ayuda a identificar mitos y dioses en el arte. Ha sido editado por Somos B. Mi última recomendación es un ensayo, un libro un poco más técnico y de contenido más religioso (la religión y la mitología están íntimamente relacionadas) pero de divulgación, que aborda la evolución de las culturas pre-helénicas, de religión con base matriarcal, a las indoeuropeas, patriarcales. Se trata de El cáliz y la espada. De las diosas a los dioses: cultural pre-patriarcales. De Riane Eisler, publicada en Capitán Swing.

   Espero que, si estaban dudando qué libro elegirían para leer el que estas vacaciones estivales, estas líneas le hayan servido de ayuda. Feliz y mítico verano.