MITOLOGÍAS
Los días de verano, concretamente aquellos que conforman las anheladas
vacaciones de todos nosotros, constituyen el momento idóneo para elegir nuevas
lecturas. En el Museo de Alejandría
pensamos que el período estival es idóneo para acercarse a la mitología grecolatina
adquiriendo algunos de los preciosos libros que sobre ella se publican
actualmente, de los que hago una pequeña selección al final a modo de
recomendación.
Explicar la naturaleza de los
mitos no es empresa simple, pues éstos están revestidos de cierta complejidad
histórica relacionada a su vez con el pensamiento religioso de la antigüedad,
puesto que los dioses y las diosas del panteón grecorromano constituyen una
parte de sus creencias y están asociados a no pocos ritos de las religiones
griega y romana. Estos dioses y las historias de las que son protagonistas o
deuteragonistas son distintas de las creencias más primitivas de griegos y
romanos, cuya religión comienza por la contemplación de ritos arraigados a la
tierra, la fertilidad femenina, la casa y los dioses domésticos, muy distintos
de los hermosos dioses de la tercera generación, hijos de Crono y Rea, y sus
descendientes, los dioses y diosas que conforman el panteón romano más conocido.
Los mitos, sin embargo, se desarrollaron a lo largo de la historia de Grecia, y
los más arcaicos se distinguen de los más modernos, habida cuenta también de
que en muchos casos existen distintas versiones para los mismos mitos.
Además, hay varios tipos de mitos, según la época de la historia de
Grecia en la que se crearon. Predominan entre ellos los llamados mitos
etiológicos (del griego aitía, causa)
es decir, aquellos que justifican a través de un relato (que es lo que
significa mythos en griego clásico)
el nombre de un lugar, una persona, o cualquier elemento natural para el que
los griegos inventaron una historia porque probablemente ignoraban su verdadero
origen, antes de que la filosofía indagara de manera racional sobre el porqué
de las cosas. Por ejemplo, un mito etiológico es el de El Minotauro, ese ser monstruoso compuesto por un cuerpo humano y
una cabeza de toro, fruto de la unión de Pasífae,
la esposa del rey de Creta Minos, y
un toro, unión abominable propiciada por Zeus como castigo porque Minos no
quiso sacrificar su mejor toro en su honor. En los nombres de Minos y minotauro
ya se oculta un mito etiológico, pues la cultura minoica localizada en Creta y
sus islas adyacentes recibe su nombre a partir de este ¿mítico? rey de una
cultura autóctona que precedió a la entrada de los indoeuropeos en Grecia y que
fue conquistada por éstos, conocidos como griegos micénicos. El minotauro,
símbolo de la ira de Zeus por causa de la insubordinación de un mortal, es un
ejemplo de la crueldad de los dioses griegos, de su despotismo. Minos decide,
una vez engendrado el monstruo, encerrarlo en un laberinto que construirá Dédalo, personaje para quien también los
griegos inventarían un mito. Pero el relato continúa. En una competición
atlética celebrada en Atenas durante las fiestas panateneas, Androgeo, uno de los hijos de Minos,
participa en varias pruebas de las que sale vencedor. El celo del rey Egeo le lleva a acabar con la vida del
héroe, lo que provoca la ira de Minos que deriva en una guerra entre ambas
ciudades. Minos resulta vencedor y exige un tributo excesivo: que el rey
ateniense entregue anualmente a siete vírgenes y siete jóvenes de la ciudad
para que sirvan de alimento al Minotauro. Tras varios años pagando este
tributo, Teseo, Hijo de Egeo, decide
poner fin a este sacrifico salvaje y parte hacia Creta como uno de los siete
jóvenes del tributo, con la intención de acabar con la vida tan nefanda bestia.
Con la ayuda de la hija del rey Minos, Ariadna,
enamorada del héroe, a quien entrega una madeja de hilo, Teseo puede salir de
la trampa letal del laberinto sin perderse después de dar muerte al Minotauro.
A su regreso, Teseo olvida una promesa que había hecho a su padre Egeo antes
de partir: que sustituyera la vela negra de su embarcación por otra blanca si
su empresa había sido fructuosa, o su tripulación dejara la vela negra si moría
en el intento. Al acercarse a Atenas, Egeo vislumbra en el horizonte la
embarcación con la vela negra, y, desesperado, se arroja al mar y fallece. En
su honor, el mar interior de Grecia se llamará mar Egeo. Este relato muestra
claramente las características de un mito etiológico; y su simbolismo apunta
hacia una justificación por parte de esos primeros griegos, belicosos y
conquistadores, de la asimilación de las culturas pre-helénicas a las que
aportaron la civilización y el progreso, precisamente a unos pueblos (los Minoicos
y la civilización Cicládica) que poseían ya una rica civilización, una
escritura y una religión bien definida y de carácter matriarcal, que los
griegos indoeuropeos sustituirían por otra de carácter patriarcal. Otros mitos
etiológicos como el de Narciso y el de Perséfone explican, respectivamente, el
origen de esta flor de ribera y las estaciones del año. El mito de Hera y Argos,
por su parte, justifica por qué los pavos reales tienen “ojos” en las plumas de
su espectacular cola, y así sucesivamente. Por otro lado están los catasterismos, es decir, la transformación
de seres humanos o animales en constelaciones propiciadas por algún dios, proporcionando
a aquellos una segunda vida en el cosmos. Finalmente tenemos las metamorfosis o transformación de un ser
humano en una animal, planta o cualquier otro elemento de la naturaleza,
generalmente como consecuencia de un castigo divino, como por ejemplo las
metamorfosis de Dafne en laurel, de Io en ternera, Asteria en codorniz o Acteón
en venado.
La mitología griega, que los romanos usaron adaptándola a su cultura,
es, por lo tanto, muy rica en relatos que aportan explicaciones irracionales a
los fenómenos naturales, así como desarrollan episodios donde se da cuenta de
la naturaleza humana y divina, de los defectos y también bondades de los primeros,
de la crueldad y también magnanimidad de los segundos. Además, desde el
renacimiento, la mitología fue fuente inspiradora para el arte, como lo fue en
la antigüedad grecolatina, y los mitos poblaron las paredes de los excelsos
palacios italianos con frescos y animaron sus estancias con la abundante estatuaria
que hoy en día llena las salas de los museos de toda Europa. Por otra parte, pasear
por las calles de las ciudades donde vivimos también depara a veces que nos
encontremos con cualquier obra de arte que representa un mito, y solo quien
estudia mitología clásica es capaz de explicar su historia y nombrar a sus
protagonistas. También los mitos se han introducido en los cómics, los videojuegos
y la publicidad, que hace uso constante de ellos.
Si planteáramos una pregunta al estilo de un programa televisivo de
contenido cultural que indaga en la relación entre dos realidades que, en apariencia,
no tienen nada entre sí, podríamos comprobar cuán extensos son los tentáculos
de la mitología. La pregunta es: ¿qué relación tiene El Real Madrid con Guido
Reni? El trabajo de indagación nos llevaría a toparnos, en primer lugar, con
que el pintor italiano del siglo XVII realizó al menos dos versiones pictóricas
del mito de Atalanta e Hipomenes. En
este mito se relata cómo un oráculo previno a Atalanta de que si se desposaba,
se transformaría en animal. Por ello los dioses la dotaron de una particular
velocidad corriendo. Cuando un pretendiente la cortejaba, ella les retaba a una
carrera que debían ganar para desposarse con ella, empresa imposible. Pero
Hipomenes recurrió a la astucia y, con ayuda de Venus, obtuvo las manzanas de
oro del jardín de las Hespérides (otro mito independiente, así como el de
Atalanta, perteneciente al cortejo de Diana, y, por tanto, consagrada al
celibato) que iba arrojando al suelo durante la carrera. Atalanta se detenía
para recogerlas, y así, resultó victorioso, uniéndose a Atalanta, quien creía
que el oráculo quedaba así anulado. Ambos amantes deciden rubricar su unión en
un templo dedicado a Cibeles (a veces identificada con Artemisa-Diana), diosa
de la naturaleza, quien se enojó por esta profanación y los convirtió en leones
para que tiraran de su carro. En este punto ya hemos resuelto el enigma, pues
la fuente de Madrid con Cibeles sentada en su carro tirado por Atalanta e
Hipomenes metamorfoseados en leones es donde el equipo blanco celebra sus
trofeos ligueros.
Así podríamos continuar hasta llenar muchas páginas de muchos libros.
Hablemos ya, por fin, de algunos de ellos En los escaparates de las librerías
pueden adquirirse varios que voy a recomendar aquí para concluir. Se ha
publicado un precioso libro de gran formato y magníficas ilustraciones titulado
Grecomanía,
de las italianas Emma Giuliani y Carole Saturno, destinado a un público joven,
publicado por Maeva Young. Un mito con gran carga simbólica sobre el castigo
del esfuerzo inútil es el mito de Sísifo, novelado por Pol Guise, un divulgador
aceptable de la mitología griega, en el libro Sísifo, el hombre que engañó a la
muerte, publicado por Temas de Hoy. Un clásico es el libro de Mary
Renault La máscara de Apolo, publicado por Edhasa hace décadas y
reeditado en español recientemente. Para la leyenda de Odiseo, hay una
magnífica edición ilustrada de la Odisea,
un gran libro de aventuras que un lector moderno y no especializado puede leer
perfectamente, con espectaculares dibujos de Miguel Brieva, en Planeta Cómic. La novela Las miradas de Medusa, de Natalie Haynes y publicada en
Salamandra, con subtítulo La vida de la
infame Medusa como nunca de la habían contado, revisa este mito destacando
el papel de Medusa como víctima, no como culpable de una profanación que llevó
a los dioses a convertirla en monstruo. Destaco en penúltimo lugar un precioso
libro, Mythos, Guía ilustrada de mitología griega, de Carlota Santos.
Las ilustraciones, de extrema calidad, son un complemento necesario para
aprender mitología, pues la memoria visual nos ayuda a identificar mitos y
dioses en el arte. Ha sido editado por Somos B. Mi última recomendación es un
ensayo, un libro un poco más técnico y de contenido más religioso (la religión
y la mitología están íntimamente relacionadas) pero de divulgación, que aborda
la evolución de las culturas pre-helénicas, de religión con base matriarcal, a
las indoeuropeas, patriarcales. Se trata de El cáliz y la espada. De las
diosas a los dioses: cultural pre-patriarcales. De Riane Eisler,
publicada en Capitán Swing.
Espero que, si estaban dudando qué libro elegirían para leer el que estas
vacaciones estivales, estas líneas le hayan servido de ayuda. Feliz y mítico verano.