CONFESIÓN (IN)COMPLETA
Confieso
que la edad no me hace
Mella,
salvo, es cierto, por un fugaz impulso
De desandar,
a veces, el camino,
Y alejarme
de mi día último.
La
verdad es que, habiendo ya cumplido
Casi
con la vida,
Me invade
un leve deseo de volver
A ser
o no ser un hombre
sin
la serenidad fugada,
Con
un poco más de arrestos y asumir
En quién
me he convertido,
-un
hombre que ha vivido, simplemente,
Sin
haber aprendido casi nada
Y aceptar
mis derrotas y también
la
desgana que a veces me atenaza
al
empezar el día.
Y
aunque cuente mis victorias igual
Que
cuento
Con
los hombres
Aún
me obstino, a pesar de mí mismo
y
de lo que llamamos mundo
En ser
feliz.
Pero
son esas mañanas báquicas
De
algún sábado cuando entiendo
Que
el amor de los tuyos,
Los
amigos, la nostalgia
Y el
recuerdo de los que ya han partido
Es en
realidad la vida,
Y no esta obsesión absurda de entender
Por qué sucedes
O hacia dónde caminas.
Me quedo totalmente con el último párrafo. El resto me gusta dejarlo en la parte onírica. ;-)
ResponderEliminarCómo lo veo: el encanto y a la vez desafío de recomenzar cada día. La ayuda que presta para ello la experiencia y, por qué no, las cicatrices. El poder parar, templar y dar un pase al Miura que nos llegue...
Felicidades. Que sean muchos más así. Un abrazo.
Abrazo nostálgico!
ResponderEliminar