miércoles, 1 de mayo de 2019

POESÍA. ESTANCIAS DEL AIRE. JUAN ALCAIDE RUBIO.



ESTANCIA DEL AIRE

Frank J. Martos

   Hay en la poética de Juan Alcaide Rubio un crisol personal donde se aúnan casi a partes iguales tres elementos esenciales: lo radical y telúrico, que surge del lugar donde se nace y se vive y conforma el tronco natural de la existencia; la naturaleza enmarcada en un entorno rural imaginario que se extiende más allá de lugar donde se habita, y el hogar como Arcadia personal donde lo familiar simboliza la serenidad de lo conocido y la perpetuación de los momentos del día  donde cobra sentido la existencia mediante la repetición de instantes únicos que huyen con un día y renacen con el siguiente. Por último, un lenguaje cuajado de términos del campo que aluden tanto a lo vegetal, lo primordial de La Luz atrapada en el marco único del paisaje estático desde su atalaya, palabras en desuso que cobran una vida nueva en sus versos y sugieren, de nuevo, el amor por el enclave rural y sus reminiscencias- la campiña, las cepas, la arena almagre, la herrumbre del alambre, el árbol como tótem, la algazara de las campanas De la Torre- .
   Estos tres elementos son en sus versos el adobe que levanta los muros del recuerdo, y, con ellos, se reconstruye el lugar único y desaparecido del pasado, conformando un material perfecto para la reflexión sobre el el tiempo vivido y sus reminiscencias, así como un presente que enlaza lo vivido y lo porvenir.
  Todo poeta crea, como demiurgo que es ante el papel en blanco donde han de nacer los hijos de la experiencia que son sus poemas, sus propios mitos. En Juan Alcaide estos mitos personales aluden siempre a la tierra, La Luz, la casa y a los dioses que habitan en sus muros, como los antiguos romanos rendían culto a los dioses hogareños, los dioses Manes, como los antepasados que perpetuaban la esencia familiar, que es en realidad la esencia propia y la de nuestros descendientes. En su poesía, la figura de la abuela, contadora de historias y símbolo de una juventud transfigurada que el poeta proyecta como un eslabón que une su pasado con su condición de hombre maduro que ve en su progenie una potencialidad de recuerdos donde el poeta mismo tomará el relevo de esa figura única, se presenta como la diosa-madre que posee el poder único de atar y conservar lo que más tememos: el olvido de nuestras raíces primordiales.
   La poesía de Juan Alcaide se sitúa, por lo tanto, en un contexto donde las lindes son claras y concretas: su Arcadia personal, su pueblo y sus estancias, y más concretamente su hogar construido inconscientemente como refugio donde ha de recapitular e interpretar su vida, y además proyectar su existencia rodeado de claves simbólicas que den sentido al oficio de vivir.
   Las lindes son determinantes para el hombre. Los poetas que recomponen su existencia y aluden a lugares donde esta transcurrió los mitifican, porque ya no existen. Volver, regresar a esos espacios es solo posible a través del recuerdo. Juan Alcaide ha conseguido ubicar su experiencia en un único lugar desde donde sus recuerdos puedan viajar y volver al mismo sitio para ser interpretados con las claves que ya ha conseguido retener: La Luz, la naturaleza, la tierra primordial, el paisaje, le remiten al pasado de un mismo lugar en un tiempo diferente, donde el poeta es el único que ha cambiado, pero que puede dominar porque aún el lugar persiste.
   En Estancia del aire - estancia entendida como la presencia de éste en el lugar donde el poeta habita- hay escepticismo vital, desolador nihilismo, es cierto, porque el transcurso de la vida nos lleva inevitablemente por estos caminos que desembocan en esta confusión natural del hombre arrojado al mundo y que ha de entender y asimilar sus quiebros y su inevitable final, pero late también el vitalismo de un hombre maduro y sensible que percibe la sutilidad de los gestos amables que la vida nos otorga, porque las estancias del aire son amplias y en ellas se respira. Cada poeta, cada hombre ha de asumir su paso por la existencia, y aunque todos los poetas han frecuentado los caminos del recuerdo y su exégesis, falseado y transformado por el tiempo, en la poesía de Juan Alcaide se atrapan momentos únicos que se perpetúan. Si bien es cierto, como el propio poeta asume al citar a Proust, que es trabajo perdido el querer evocar nuestro pasado, siempre
 Hay una insistente tendencia a hacerlo, y solo por ese natural impulso, vale la pena intentarlo. Aunque el tiempo huye, nos aleja de la niñez y la juventud, en las manos del poeta está al menos dejar un recuerdo, aunque sea desvaído, de ello. Estancias del aire constituye una demostración de lo que otros poetas han intentado y han conseguido a pesar de la obstinación de la vida a condenar al hombre al abismo oscuro del olvido: dejar un bello testimonio de de lo efímero, perpetuado.