viernes, 11 de agosto de 2023

CAJÓN DE ARTÍCULOS. LA LENGUA CATALANA NO ES CATALUÑA

 

LA LENGUA CATALANA NO ES CATALUÑA

 

   Tal y como reza el título de esta entrada, estas líneas excluyen para comenzar hablar de política. Lo que pretenden es abordar el tema desde la lingüística. Las razones son meridianamente claras: el Catalán no es Cataluña, entre otras razones porque hay que incluir a la lengua Valenciana y a la Balear, todas ellas con sus respectivas variedades. Las otras razones, que son el motivo del porqué de estas líneas, es el cansancio de un servidor de que todo el mundo hable negativamente de la lengua catalana porque la identifican con el separatismo político que persiguen algunos partidos de Cataluña con la única finalidad de vivir chupando de la teta del estado al que no quieren pertenecer, y no como una de las lenguas de España que hay que respetar y cuya antigüedad y peso histórico son considerables.

   Yo nací en Barcelona en 1966, en el seno de una familia catalano-madrileña: mi padre es natural de Port-Pou, un precioso pueblo pesquero de Gerona, casi en la linde con el país galo; mi madre es natural de Madrid. Nos trasladamos a Andalucía en 1974 por motivos laborales de mi padre. Él hablaba y escribía catalán –era bilingüe catalán- en una época, los años 50, cuando en Cataluña el catalán se hablaba de manera natural, existiendo personas como mi padre, además de quienes lo hablaban pero no lo escribían, quienes no lo hablaban ni escribían pero si lo entendían, y quienes no entraban en ninguno de los anteriores grupos. Esta situación era totalmente normal en una sociedad donde existen dos lenguas y la normalización lingüística desde la política no había emponzoñado aún ni la lengua ni la convivencia en Cataluña. Ni yo ni mis cuatro hermanas nacidas también allí hablábamos catalán en casa –mi madre lo entendía y lo hablaba un poco- pero crecimos escuchándolo y lo estudiábamos en el colegio como asignatura en un currículo enseñado en Castellano. 

   La lengua catalana procede del latín vulgar, es decir, de la variedad oral de esta lengua, como el resto de las lenguas romances, que incluyen el Castellano y el gallego, (lenguas Iberorromances), las lenguas Galorromances (Francés y Fraco-provenzal), Italorromances (Sardo, Italiano y todos sus dialectos), y Balcanorromances (Rumano). Se añaden el Retrorromance (Friulano, hablado en Udine, Romanche, hablado en Suiza, y los dialectos ladinos). Todas estas lenguas se formaron aproximadamente desde el siglo VII al X aproximadamente, dependiendo de cada zona del imperio romano, ya extinguido. La lengua Catalana se documenta en el siglo XII en la obra jurídica Forum Iudicum, aunque hay vestigios del romance catalán primitivo en el s. X. Desde el punto de vista histórico, esta lengua se gestó en los antiguos condados carolingios, al norte de Cataluña y Aragón. Con la reconquista, Jaime I conquista Mallorca (1229) y posteriormente Valencia (1238), repoblándose ambos territorios, que hablaban mozárabe, con gentes catalanoparlantes, de ahí que esta lengua se extendiera a estos territorios. El Catalán, el Valenciano y el Balear, si bien tienen diferencias entre sí tanto desde el punto de vista fonológico y léxico, son la misma lengua. Simplificando mucho, pues la cuestión es compleja, por un lado, el Catalán-Valenciano-Balear no se corresponde con ninguna clasificación política y social, sino que conforman un conjunto de variedades de la misma lengua. Actualmente se habla en lingüística del concepto de “continuo dialectal”, que no es más que, si existe una misma lengua como el Catalán que se extiende por una amplia zona geográfica en contacto, como es el caso de esta lengua, desde Cataluña hasta la comunidad Valenciana (El Balear por motivos obvios no entra en este concepto por no ubicarse en la península), las variedades que se hablan en las zonas fronterizas será más similar a las que no lo son: por ejemplo, la variedad del sur de Tarragona será más similar al habla del norte de Castellón que a la variedad barcelonesa.

    Para concluir, estas líneas tienen como finalidad, por un lado, invitar a las personas cultas a que diferencien el valor de una lengua sin prejuicios políticos, sino estrictamente por razones culturales y lingüísticas, con información en la mano y sabiendo de lo que habla. Esto último es esencial: proliferan hoy en día los contertulios en los medios de comunicación que hablan de cualquier cosa ignorándolo casi todo, y nada sucede. Es como si los docentes, por poner un ejemplo simple, hiciéramos estudiar a nuestra clase de treinta estudiantes que la capital de Italia es Florencia, y así lo aprendieran. Por otra, exhortar a quienes denostar la lengua Catalana identificándola con el independentismo político, que conozcan su origen y desarrollo histórico (aún hay quienes afirman de manera ignara que el Catalán es un dialecto del castellano). Por último,  deseo que sirvan estas líneas también para que, quienes la hablamos y la amamos, no caigamos en la autocensura por prejuicios culturales y políticos o por temor a ser insultados.

  

  

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