martes, 2 de septiembre de 2025

 


OCLOCRACIA


   

   Cuando en mis clases de Cultura Clásica toca abordar el estudio de la Historia de Roma, mis alumnos saben que, tras analizar los hechos (bien sea sobre la Monarquía, la República o el Imperio), les voy a pedir que conectemos tales hechos con la actualidad de nuestro país en primer lugar, y del resto del planeta a continuación. Y no sólo lo hacemos con la historia, sino también con la lengua, el léxico, la ciencia y la cultura en general (arte y literatura) del Mundo antiguo, pues esa es su verdadera utilidad: intentar que reflexionen y, con los hechos en la mano, razonen de manera crítica y autónoma. Solemos analizar en profundidad la etapa de la República Romana, sobre todo su etapa final, a partir del asesinato del dictador Julio César en el año 44 a.C. (hay todavía mucha gente que cree que César fue un emperador romano, “craso” error), la formación del 2º Triunvirato y la posterior proclamación de César hijo, es decir, Octaviano, como Augusto por parte del Senado de Roma en el año 27 a.C., tras la batalla de Actium donde derrotó a su rival Marco Antonio, convirtiéndose en el primer emperador romano.

   Esto nos lleva a otro debate: el uso de los términos “dictador”, “emperador”, “monarca”, para los gobernantes, o bien de otros como “oligarquía”, “aristocracia” o “democracia”, este último más familiar para ellos. El debate gira en torno al hecho de que se trata de términos que, en el primer caso, hacen referencia a una misma realidad política (el gobierno en manos de una sola persona) y, en el segundo, a sistemas de gobierno que hacen referencia a la participación en el gobierno de un estado del pueblo (democracia) o su exclusión de él, en el caso de los otros dos términos. En este punto hablamos de Polibio, un historiador de origen griego del s. II a.C. pero nacido en una Grecia ya bajo el dominio romano. Polibio escribió una Historia de Roma a partir del año 260 a.C. hasta su época, centrándose sobre todo en las guerras que los romanos tuvieron contra los cartagineses (Guerras púnicas). Polibio fue el inventor de, por un lado, el término Anaciclosis que analiza la evolución de los regímenes políticos hasta su inevitable degeneración, y, por otro, de la norma política que afirma que los tres regímenes políticos existentes en la antigüedad, la monarquía, la aristocracia y la democracia, degeneraban, según el principio de anaciclosis, en tiranía, oligarquía y oclocracia respectivamente.

   Es interesante, por tanto, el debate que se crea en el aula sobre un tema que atañe profundamente a nuestros estudiantes y que ellos suelen ignorar. Yo insisto en despertar su interés, en que conozcan qué es cada cosa y reflexionen sobre nuestra realidad política, pues en breve podrán participar dando su voto en las elecciones, voto que debe ser reflexionado a partir del conocimiento, y no arrojado a las urnas fruto de una manipulación, una costumbre, una imitación o simplemente la ignorancia, como así sucede en muchos casos.

   Detengámonos en la oclocracia, la degeneración de la democracia. Cuando una persona formada y no manipulada escucha o lee los medios de comunicación, cae en la cuenta enseguida de que éstos han degenerado, se han vendido al mejor postor político al que servirán a cambio de un estipendio obtenido de manera inmoral, manipulando la realidad para favorecer al poder político, ocultar o suavizar (hoy en día se utiliza el término “blanquear”) la profunda corrupción en la que la política española está inmersa, y, lo que es peor, consolidando el bipartidismo, pues el poder político se lo quieren repartir siempre los mismos para vivir de tal prebenda, cortando las alas a cualquier otra fuerza emergente que pueda desplazarlos. Esto puede ser un síntoma de la oclocracia que hoy impera en nuestro país.

 Por otra parte, aclarado ya el significado de oclocracia (la democracia degenerada), debemos centrarnos en los sujetos que la ejercen, el demos, el pueblo, los ciudadanos. Éstos, cada vez más obnubilados por las redes sociales y sus mentiras, las cuales además alientan el odio y la confrontación civil (lo cual ha existido y existirá siempre que haya una parte emaciada intelectualmente de la población), han llevado a nuestra sociedad a una oclocracia no en ciernes, como pudiera parecer, sino ya consolidada en ésta. Entonces se manifiesta el problema: si el cambio social depende del pueblo cuando vota, y ese voto luego se diluye en pactos nefandos entre políticos con el alma podrida por el poder y el dinero consiguiendo que siempre se repartan el pastel del poder político los mismos, entramos en un bucle perpetuo que solo puede interrumpirse acabando con ese binomio de poder. Pero la oclocracia lo impide por causa de la ignorancia. Podríamos preguntar a la masa por qué tal partido es bueno para el país y aquel otro puede resultar nefasto (pueden verlo en Youtube): no lo saben. Repiten frases que han oído pero nunca contrastado, siguen una senda como las ovejas que, cabizbajas, se dejan llevar por el rebaño, hundidas como están en la Caverna platónica, porque nunca han pensado por sí mismas. Y ese es el fracaso que la educación debe evitar. Las personas debemos ser libres, cultas, reflexivas, autónomas y estar dotadas de un sólido espíritu crítico.

   Para concluir me gustaría insistir en que estas líneas, que tiene, a mi juicio, bastante de discurso epidíctico (reto a cualquiera que refute con hechos lo que aquí he expresado), pueden zozobrar en un mar que ya alberga demasiados naufragios educativos, cuando entre los educadores se cuentan también miembros de esa oclocracia. Se utilizan hoy términos como “nazi”, “fascista”, “extrema derecha o izquierda”, y otros que sólo pretender denigrar al adversario sin más argumentos, de la misma forma que se sigue utilizando el término “democracia” y, a los anteriormente citados, “anti-demócratas”, sin percatarnos de que ya no vivimos en una democracia, sino en su degeneración. Polibio siempre tuvo razón.


viernes, 11 de julio de 2025

LIBROS DE ESTÍO. MITOLOGÍAS.

 




MITOLOGÍAS

 

   Los días de verano, concretamente aquellos que conforman las anheladas vacaciones de todos nosotros, constituyen el momento idóneo para elegir nuevas lecturas. En el Museo de Alejandría pensamos que el período estival es idóneo para acercarse a la mitología grecolatina adquiriendo algunos de los preciosos libros que sobre ella se publican actualmente, de los que hago una pequeña selección al final a modo de recomendación.

    Explicar la naturaleza de los mitos no es empresa simple, pues éstos están revestidos de cierta complejidad histórica relacionada a su vez con el pensamiento religioso de la antigüedad, puesto que los dioses y las diosas del panteón grecorromano constituyen una parte de sus creencias y están asociados a no pocos ritos de las religiones griega y romana. Estos dioses y las historias de las que son protagonistas o deuteragonistas son distintas de las creencias más primitivas de griegos y romanos, cuya religión comienza por la contemplación de ritos arraigados a la tierra, la fertilidad femenina, la casa y los dioses domésticos, muy distintos de los hermosos dioses de la tercera generación, hijos de Crono y Rea, y sus descendientes, los dioses y diosas que conforman el panteón romano más conocido. Los mitos, sin embargo, se desarrollaron a lo largo de la historia de Grecia, y los más arcaicos se distinguen de los más modernos, habida cuenta también de que en muchos casos existen distintas versiones para los mismos mitos.

   Además, hay varios tipos de mitos, según la época de la historia de Grecia en la que se crearon. Predominan entre ellos los llamados mitos etiológicos (del griego aitía, causa) es decir, aquellos que justifican a través de un relato (que es lo que significa mythos en griego clásico) el nombre de un lugar, una persona, o cualquier elemento natural para el que los griegos inventaron una historia porque probablemente ignoraban su verdadero origen, antes de que la filosofía indagara de manera racional sobre el porqué de las cosas. Por ejemplo, un mito etiológico es el de El Minotauro, ese ser monstruoso compuesto por un cuerpo humano y una cabeza de toro, fruto de la unión de Pasífae, la esposa del rey de Creta Minos, y un toro, unión abominable propiciada por Zeus como castigo porque Minos no quiso sacrificar su mejor toro en su honor. En los nombres de Minos y minotauro ya se oculta un mito etiológico, pues la cultura minoica localizada en Creta y sus islas adyacentes recibe su nombre a partir de este ¿mítico? rey de una cultura autóctona que precedió a la entrada de los indoeuropeos en Grecia y que fue conquistada por éstos, conocidos como griegos micénicos. El minotauro, símbolo de la ira de Zeus por causa de la insubordinación de un mortal, es un ejemplo de la crueldad de los dioses griegos, de su despotismo. Minos decide, una vez engendrado el monstruo, encerrarlo en un laberinto que construirá Dédalo, personaje para quien también los griegos inventarían un mito. Pero el relato continúa. En una competición atlética celebrada en Atenas durante las fiestas panateneas, Androgeo, uno de los hijos de Minos, participa en varias pruebas de las que sale vencedor. El celo del rey Egeo le lleva a acabar con la vida del héroe, lo que provoca la ira de Minos que deriva en una guerra entre ambas ciudades. Minos resulta vencedor y exige un tributo excesivo: que el rey ateniense entregue anualmente a siete vírgenes y siete jóvenes de la ciudad para que sirvan de alimento al Minotauro. Tras varios años pagando este tributo, Teseo, Hijo de Egeo, decide poner fin a este sacrifico salvaje y parte hacia Creta como uno de los siete jóvenes del tributo, con la intención de acabar con la vida tan nefanda bestia. Con la ayuda de la hija del rey Minos, Ariadna, enamorada del héroe, a quien entrega una madeja de hilo, Teseo puede salir de la trampa letal del laberinto sin perderse después de dar muerte al Minotauro.

   A su regreso, Teseo olvida una promesa que había hecho a su padre Egeo antes de partir: que sustituyera la vela negra de su embarcación por otra blanca si su empresa había sido fructuosa, o su tripulación dejara la vela negra si moría en el intento. Al acercarse a Atenas, Egeo vislumbra en el horizonte la embarcación con la vela negra, y, desesperado, se arroja al mar y fallece. En su honor, el mar interior de Grecia se llamará mar Egeo. Este relato muestra claramente las características de un mito etiológico; y su simbolismo apunta hacia una justificación por parte de esos primeros griegos, belicosos y conquistadores, de la asimilación de las culturas pre-helénicas a las que aportaron la civilización y el progreso, precisamente a unos pueblos (los Minoicos y la civilización Cicládica) que poseían ya una rica civilización, una escritura y una religión bien definida y de carácter matriarcal, que los griegos indoeuropeos sustituirían por otra de carácter patriarcal. Otros mitos etiológicos como el de Narciso y el de Perséfone explican, respectivamente, el origen de esta flor de ribera y las estaciones del año. El mito de Hera y Argos, por su parte, justifica por qué los pavos reales tienen “ojos” en las plumas de su espectacular cola, y así sucesivamente. Por otro lado están los catasterismos, es decir, la transformación de seres humanos o animales en constelaciones propiciadas por algún dios, proporcionando a aquellos una segunda vida en el cosmos. Finalmente tenemos las metamorfosis o transformación de un ser humano en una animal, planta o cualquier otro elemento de la naturaleza, generalmente como consecuencia de un castigo divino, como por ejemplo las metamorfosis de Dafne en laurel, de Io en ternera, Asteria en codorniz o Acteón en venado.

   La mitología griega, que los romanos usaron adaptándola a su cultura, es, por lo tanto, muy rica en relatos que aportan explicaciones irracionales a los fenómenos naturales, así como desarrollan episodios donde se da cuenta de la naturaleza humana y divina, de los defectos y también bondades de los primeros, de la crueldad y también magnanimidad de los segundos. Además, desde el renacimiento, la mitología fue fuente inspiradora para el arte, como lo fue en la antigüedad grecolatina, y los mitos poblaron las paredes de los excelsos palacios italianos con frescos y animaron sus estancias con la abundante estatuaria que hoy en día llena las salas de los museos de toda Europa. Por otra parte, pasear por las calles de las ciudades donde vivimos también depara a veces que nos encontremos con cualquier obra de arte que representa un mito, y solo quien estudia mitología clásica es capaz de explicar su historia y nombrar a sus protagonistas. También los mitos se han introducido en los cómics, los videojuegos y la publicidad, que hace uso constante de ellos.

   Si planteáramos una pregunta al estilo de un programa televisivo de contenido cultural que indaga en la relación entre dos realidades que, en apariencia, no tienen nada entre sí, podríamos comprobar cuán extensos son los tentáculos de la mitología. La pregunta es: ¿qué relación tiene El Real Madrid con Guido Reni? El trabajo de indagación nos llevaría a toparnos, en primer lugar, con que el pintor italiano del siglo XVII realizó al menos dos versiones pictóricas del mito de Atalanta e Hipomenes. En este mito se relata cómo un oráculo previno a Atalanta de que si se desposaba, se transformaría en animal. Por ello los dioses la dotaron de una particular velocidad corriendo. Cuando un pretendiente la cortejaba, ella les retaba a una carrera que debían ganar para desposarse con ella, empresa imposible. Pero Hipomenes recurrió a la astucia y, con ayuda de Venus, obtuvo las manzanas de oro del jardín de las Hespérides (otro mito independiente, así como el de Atalanta, perteneciente al cortejo de Diana, y, por tanto, consagrada al celibato) que iba arrojando al suelo durante la carrera. Atalanta se detenía para recogerlas, y así, resultó victorioso, uniéndose a Atalanta, quien creía que el oráculo quedaba así anulado. Ambos amantes deciden rubricar su unión en un templo dedicado a Cibeles (a veces identificada con Artemisa-Diana), diosa de la naturaleza, quien se enojó por esta profanación y los convirtió en leones para que tiraran de su carro. En este punto ya hemos resuelto el enigma, pues la fuente de Madrid con Cibeles sentada en su carro tirado por Atalanta e Hipomenes metamorfoseados en leones es donde el equipo blanco celebra sus trofeos ligueros.

   Así podríamos continuar hasta llenar muchas páginas de muchos libros. Hablemos ya, por fin, de algunos de ellos En los escaparates de las librerías pueden adquirirse varios que voy a recomendar aquí para concluir. Se ha publicado un precioso libro de gran formato y magníficas ilustraciones titulado Grecomanía, de las italianas Emma Giuliani y Carole Saturno, destinado a un público joven, publicado por Maeva Young. Un mito con gran carga simbólica sobre el castigo del esfuerzo inútil es el mito de Sísifo, novelado por Pol Guise, un divulgador aceptable de la mitología griega, en el libro Sísifo, el hombre que engañó a la muerte, publicado por Temas de Hoy. Un clásico es el libro de Mary Renault La máscara de Apolo, publicado por Edhasa hace décadas y reeditado en español recientemente. Para la leyenda de Odiseo, hay una magnífica edición ilustrada de la Odisea, un gran libro de aventuras que un lector moderno y no especializado puede leer perfectamente, con espectaculares dibujos de Miguel Brieva, en Planeta Cómic. La novela Las miradas de Medusa, de Natalie Haynes y publicada en Salamandra, con subtítulo La vida de la infame Medusa como nunca de la habían contado, revisa este mito destacando el papel de Medusa como víctima, no como culpable de una profanación que llevó a los dioses a convertirla en monstruo. Destaco en penúltimo lugar un precioso libro, Mythos, Guía ilustrada de mitología griega, de Carlota Santos. Las ilustraciones, de extrema calidad, son un complemento necesario para aprender mitología, pues la memoria visual nos ayuda a identificar mitos y dioses en el arte. Ha sido editado por Somos B. Mi última recomendación es un ensayo, un libro un poco más técnico y de contenido más religioso (la religión y la mitología están íntimamente relacionadas) pero de divulgación, que aborda la evolución de las culturas pre-helénicas, de religión con base matriarcal, a las indoeuropeas, patriarcales. Se trata de El cáliz y la espada. De las diosas a los dioses: cultural pre-patriarcales. De Riane Eisler, publicada en Capitán Swing.

   Espero que, si estaban dudando qué libro elegirían para leer el que estas vacaciones estivales, estas líneas le hayan servido de ayuda. Feliz y mítico verano.


lunes, 5 de agosto de 2024

REFLEXIONES DE ESTÍO. LA CAÍDA

                                                                   LA CAÍDA 

 Muchos han sido los intelectuales que, a lo largo de los siglos, han intentado esclarecer las causas exactas de la estrepitosa caída del imperio romano. Ciertamente, se trata de uno de los temas más complejos de la disciplina de la historiografía, básicamente porque las causas fueron varias, y éstas fueron minando los pilares del vastísimo Imperio de los hijos de Rómulo a través del tiempo, motivo por el cual no se puede fijar una fecha exacta para la desaparición de la civilización sobre la que se alzaron posteriormente los países que hoy conforman la civilización occidental. Aunque ya los propios intelectuales romanos atisbaron las crisis que Roma fue experimentando, las verdaderas investigaciones desde una perspectiva historiográfica comenzaron en el siglo XVI, y desde entonces, diferentes especialistas han intentado formular y especificar las causas de la crisis y decadencia del imperio romano. 

    De este modo, numerosas teorías se han sucedido desde entonces: desde la perspectiva clasicista y humanista, en el siglo XVI, que contempla principalmente la degeneración de los verdaderos valores tradicionales romanos, a la ilustrada (interpretación racionalista o de la Filosofía de la Historia) que pone el foco sobre ciertas causas internas, como la pérdida de la “virtus” romana” y la introducción en las bases del mundo romano del despotismo, la corrupción, y otras de carácter externo, como las invasiones bárbaras y la división del imperio. En el siglo XIX aparecen las primeras teorías marxistas que se centran en la lucha de clases, el esclavismo y la explotación de las herramientas de producción como causas principales de la decadencia de Roma y también la interpretación liberal o burguesa, que pone el acento sobre criterios demográficos y biológicos, como la eliminación de los mejores, la introducción en las bases del imperio de elementos extranjeros y, sobre todo, la presión de las invasiones bárbaras sobre un imperio cada vez más debilitado económicamente y regido por emperadores cada vez más efímeros y menos preparados, aupados hasta el poder por el ejército sin criterio alguno, y arrancados de éste por los mismos soldados mediante el asesinato. 

    La historiografía es una disciplina compleja que ha estudiado la historia del mundo desde diferentes ángulos. Tanto la historia antigua como la contemporánea son susceptibles de ser manipuladas a pesar de que esta última es más reciente y puede analizarse con mejores herramientas. No obstante, ambas pueden ser estudiadas de manera sesgada para favorecer a quienes no lo merecen y para denigrar a quienes probablemente sí actuaron de manera justa y apropiada. Se puede argüir que incluso los hechos objetivos se manipulan, se cancelan o simplemente se ignoran, lo que conduce irreversiblemente al falseamiento de la historia. Un ejemplo puede ser el historiador ateniense del s. V a. C. Tucídides, primer historiador que intentó indagar en las causas de la guerra en la que él mismo participó, la del Peloponeso que libraron atenienses y espartanos, analizar los hechos y estudiar las consecuencias, pero puede argumentarse que es la narración de un ateniense y, por tanto, sospechosa de favorecer subjetivamente a los suyos. En el mundo romano está Cornelio Tácito, que escribió durante el reinado de la dinastía Julio-Claudia (s. I d.C.), quien retrató a los emperadores de tal dinastía (Octavio, Tiberio, Calígula, Claudio y Nerón) de manera realista, narrando actos de su propia época, lo cual lo convierte en un testigo excepcional. Pero, del mismo modo que con Tucídides, se puede argumentar que él, pese a afirmar al principio de su obra, los Anales, que contará los acontecimientos “sine ira et studio”, es decir, sin odio ni parcialidad, también cayó en la subjetividad porque, como patricio de su época que era, aceptaba la figura del emperador, pero no toleraba el abuso de poder y la corrupción política, y, en consecuencia, ofreció a la posteridad una imagen poco favorable de estos emperadores. 

    ¿A quién creer, por tanto? Tomemos la historia de nuestro país más reciente. Es decir, la de ahora mismo. Habría que reflexionar sobre estas causas y analizar si se dan en nuestra historia contemporánea. Los liberales del s. XIX hablaban de la eliminación de los mejores. ¿Sucede esto observando nuestra clase política? También hablaban de un desequilibrio entre los sectores productivos y los no-productivos, llamados “sectores parasitarios”, lo que llevó a la fractura de la economía y, por lo tanto, a una crisis irreversible. Los actos social-comunistas de quienes se aferran al poder con uñas y dientes (no me refiero a estas doctrinas como tales, sino a quienes ahora gobiernan en nuestro país) fomentan, visto lo visto, en nuestra España la máxima “todo para el estado y nada sin el estado ni contra el estado”, idea precisamente fascista que acuñó el propio Mussolini, y que se plasma, por un lado, en cómo los sectores no productivos, sobre todo los políticos con sus desorbitados sueldos, así como el altísimo número de adláteres, enchufados, clientes, asesores innecesarios y voluntades compradas, asfixian a los sectores productivos o directamente los eliminan, como está sucediendo con nuestro sector primario, para favorecer a elementos extranjeros para obtener rédito político. Por otro, observen cómo la coalición social-comunista del gobierno de España, con bastantes ínfulas de régimen, controlan los medios de comunicación ya corruptos que persiguen y cancelan a quienes denuncian los abusos de quienes ostentan el poder, o en cómo la presidencia del gobierno es sospechosa de corruptelas graves intentando bombardear el poder judicial para burlar a la justicia, o cómo también en la política de fronteras abiertas sin control –insisto, sin control, pues yo por supuesto apruebo la recepción de migrantes- que minan nuestra civilización y nuestra cultura con el único fin también de obtener ganancia política. Lo que sucede ahora es difícilmente manipulable si se indaga en el hecho, porque el hecho existe. 

    Para concluir, volvamos al principio: la eliminación de los mejores, el desequilibrio entre los sectores productivos y no productivos, la propaganda gubernamental y la cancelación de los medios opuestos al poder, la corrupción del estado, su división, el despotismo de la cabeza visible, la asfixia del poder judicial que ostentaba el senado y las invasiones bárbaras llevaron al imperio romano a su caída. Quienes no reconocen que esto está sucediendo hoy en nuestro país -historia contemporánea- es porque o bien miran hacia otro lado, o están manipulados ideológicamente o no tienen espíritu crítico, pues lo que les hace negar los hechos es una misteriosa animadversión hacia todo aquello que no sean sus ideas. Sólo pido, sin que se ofendan por la petición, que miren, reflexionen y juzguen. ¿O tal vez sea esto, hoy en día, demasiado?

martes, 2 de julio de 2024

REFLEXIONES DE ESTÍO. MUY ATENTOS A LA INTELIGENCIA ARTIFICIAL

 


MUY ATENTOS A LA INTELIGENCIA ARTIFICIAL (IA)

Entrevista en Youtube a John Hernández, director del Chat Inteligencia Artificial

 https://www.youtube.com/watch?v=kAbrnfx7axc&t=1s 



   Traigo al Museo un chat sobre la IA (Inteligencia Artificial), que, en mi condición de padre y educador, he de recomendar a todo el mundo, especialmente a quienes comparten conmigo esa misma condición. Durante la hora y veinte minutos que dura el vídeo, el espectador recibe una cantidad tal de nueva información sobre la IA vertiginosa, expresada en un nuevo lenguaje plagado de anglicismos y neologismos que se está imponiendo entre quienes manejan la hiper-comunicación digital en todas sus vertientes, y que no me parece mal si entendemos que el origen de estos términos tiene su gestación en los EEUU y no dejan de ser tecnicismos que no se deben traducir (otros se usan gratuitamente).

    Se trata de una entrevista de Uri Sabat a John Hernández, este último un experto en IA que se dedica, aparte de su trabajo habitual –la fotografía- a dar conferencias formando a quienes les interese este tema sobre esta herramienta que ha venido no sólo para quedarse, sino para sustituir al ser humano, y matizaré a continuación estas últimas palabras, porque el video no tienen desperdicio. Deben verlo. Es necesario, sobre todo para escuchar en su totalidad el contenido que en él se desarrolla y que me es imposible resumir en una entrada de Blog.

   La idea que se repite con insistencia en la entrevista es la de la presencia cada vez más frecuente de la IA en nuestra vida diaria. Aunque es muy desconocida en España todavía, hay gente que ya la utiliza, sobre todo en el mundo empresarial, porque es capaz de realizar el trabajo que nadie quiere llevar a cabo con una rapidez y eficiencia que supera a las capacidades del ser humano medio. Esta idea produce ya, en principio, temor. Puedo poner un ejemplo de esto aludiendo a un símil que el propio John explica en el video con respecto al Chat GPT (Generative Pre-trained Transformer) del que existen hasta el momento dos versiones, a la espera de una tercera que saldrá este diciembre (GPT 5): GPT 3.5 y 4: el símil es que si el GPT 3.5 podría asemejarse a un joven estudiante de primaria, el 4.5 puede ser el equivalente a un estudiante de Bachillerato, mientras que el GPT 5 a un graduado universitario con un doctorado. Además, según Hernández, y es una idea que también sobrevuela toda la conversación, su crecimiento es exponencial: el GPT 5 superará al 4 no en un 100, sino en un 1.000. Y esto asusta ya de verdad.

   ¿De qué debemos preocuparnos? Según este experto, quien, a mi juicio, domina el tema a un nivel probablemente insuperable en nuestro país pero que, en puntuales ocasiones, como comentaré a continuación, da muestras de ser un “gurú” que está “alucinado” con el descubrimiento de la IA y su incorporación a su vida personal y laboral, hay tres peligros esenciales de la misma: 1: las Deep Fakes (falsa información difundida en redes y asumida por el enjambre) 2. El empleo: las empresas están formando a sus mejores trabajadores en la confección de contenidos para la IA y despidiendo al resto: las aplicaciones de IA básicas son “Open source” (gratuitas), aunque limitadas (para su uso ilimitado hay que pagar), pero en breve tendrán coste cero, lo que conllevará la desaparición del efectivo humano casi en su totalidad en las empresas (no sabemos a qué plazo, si en 10, 20 o 100 años). El tercer y último peligro es el existencial. Para finalizar esta entrada abordaré este último punto muy brevemente.

   Cito antes unos términos que, acertadamente, John Hernández glosa cuando los usa: Rappers, Clickbait, AGTC, CTI, Wearables (Meta.glasses), Prompt Engineering, Alucinación,y muchos más  con los que, queramos o no, habrá que estar familiarizados en un futuro no muy lejano (según el entrevistado ya vamos tarde). Pero abordemos algo que dijo, muy convencido, y que no sé cómo podría calificar: quiero dejar claro que en muchísimas cosas que explicó le doy la razón (el progreso, la Nueva Sociedad y la adquisición y producción de información y contenidos actuales han tomado estos derroteros, para bien a veces, para mal otras, que son un vector que acaba de despegar) pero en un momento de la entrevista afirmó convencido que el conocimiento, en no mucho tiempo, no será necesario. Y puso el ejemplo de que un sujeto se halla en un museo ante una obra de arte y, en ese momento, su cerebro se preguntará usando la mirada quién es el artista, e inmediatamente sus Metaglasses (un Wearable) detectarán su duda y le proporcionarán el dato instantáneamente. De este modo accederemos a lá información que genera lo que llamamos cultura y es lo que nos dintingue de la masa y nos hace únicos: la formación y el espíritu crítico. Considero, sinceramente, que esta idea es demencial: me pregunto, si despojamos al ser humano del conocimiento incorporado (el que uno posee, no el que obtiene de un buscador) sobre todas las disciplinas creativas que han conformado nuestra identidad cultural desde las cavernas, lo convertimos en un recipiente vacío, estaremos asistiendo a una distopía que nadie puede prever dónde nos llevará, pero sin duda a ningún lugar agradable. . No se ha imaginado John, por ejemplo, que en el plazo de 10 o 20 años, según esta devastadora y, desde mi punto de vista, bastante irresponsable afirmación, de qué cojones hablarán las personas que forman una reunión en un bar. Tal vez tendrán que pedir cada uno de ellos a sus Chat GPT punto lo que sea que ellos sostengan la conversación mientras ellos miran sus dispositivos. No es una broma. Vean el vídeo y juzguen. Si no a ustedes, a sus hijos les va a alcanzar. Y hay que estar preparado.




domingo, 5 de mayo de 2024

SINE IRA ET STUDIO (Sin odio ni parcialidad)

 

SINE IRA ET STUDIO

(sin odio ni parcialidad)

 

   Sine ira et studio es el sintagma que los estudiantes de filología clásica, cuando asistíamos a clase de literatura latina, debíamos aprender como característica esencial de la obra historiográfica de Cornelio Tácito, abogado romano que vivó en los tiempos del emperador déspota Domiciano: narrar los hechos “sin odio ni parcialidad”. Tras la muerte del tirano, acaecida en el año 98 d.C., Tácito, ya retirado de la vida pública, decidió escribir la crónica política de su época, la que él había vivido, y la justamente anterior a él, que fue el gobierno del imperio romano bajo la férula de la dinastía Julio-Claudia.

   Algunos años antes que él, Julio César había rubricado una obra historiográfica, que aún hoy se estudia en el bachillerato español, como medio para justificar su particular batalla para acceder al poder absoluto de Roma y convertirse en dictador. Posteriormente Tito Livio escribe su magna obra Ab Urbe Condita, narrando la historia de Roma desde su fundación, a través del prisma de un intelectual que pretende naturalizar la superioridad de un pueblo que ha nacido para civilizar el mundo. Dicho esto, ¿es posible que Cornelio Tácito pudiera escribir historia sin caer en el sectarismo narrando los hechos con pura objetividad? Lo ignoro, pero si a algún historiador he leído con la seguridad de estar leyendo un texto muy cercano a la verdad ha sido a Tácito. Cornelio Tácito es considerado un Homo novus, esto es, un hombre de su época, alguien quien, si bien pueda aparentar defender los principios básicos republicanos, acepta que el poder de Roma recaiga sobre una sola persona, pero con la condición indispensable de que lo haga de forma justa y pensando en su pueblo. Él, de noble cuna, pero crítico con la aristocracia oligárquica de los viejos patricios de Roma, así como denostador de la plebe y los esclavos, algo común en un romano de su época, cuando el término humanitas con el significado de la humanidad que considera a todo ser humano igual ante la ley (y ante dios, si este existiera), analiza los hechos y a sus protagonistas con la libertad que le otorga hacerlo cuando ninguno de los emperadores de los que habla vive, y, por tanto, no pueden perseguirlo para cortar su cabeza y sus manos y exponer estos despojos en el foro de Roma, como hicieron con Marco Tulio Cicerón (pueden leer en el blog mi entrada El triunvirato de la infamia).

   Antes que él, otros historiadores cuya obra no conservamos, escribieron sobre emperadores depravados descendientes de Octavio como Tiberio, Calígula y Nerón, ensalzando su grandeza y omitiendo sus crueldades y desviaciones. Tácito, libre de la amenaza de ser perseguido,  censurado y muerto, retrata a estos emperadores como personas aupadas a un lugar de una grandeza que no son capaces de asimilar, pues su valía y su inteligencia no está a la altura del cargo que ostentan, y, además, precisamente por el poder que manejan entre sus manos, son capaces de cometer las atrocidades más demenciales. Piensen en lo que sucede hoy en nuestro país y en la persona que ostenta el poder absoluto, y reflexionen sobre ello.

   Hoy en día, y escribo esta afirmación absolutamente convencido, la democracia es ya una quimera. En términos objetivos, lo que tenemos en nuestro país se acerca más a una república corrupta, puesto que quienes ostentan el poder no han sido elegidos por el pueblo para hacerlo, o a un despotismo, puesto que el líder se atribuye poderes que no le corresponden, manipulando la ley y cancelando a la oposición política, persiguiéndola hasta su extinción, y dilapidando los fondos públicos en beneficio propio y en el de los suyos. Lean estas líneas del libro I de los Anales de Tácito:

“(Octavio augusto) abandonó el título de triunviro (tras acabar con Lépido y Marco Antonio) presentándose como cónsul, “satisfecho con el poder tribunicio para la defensa del pueblo” (Tácito cita estas palabras con evidente ironía). Tras seducir al ejército con recompensas (hoy serían los medios de comunicación) al pueblo con repartos de trigo (léase hoy con prebendas y mentiras) a todos con las delicias de la paz, se fue elevando paulatinamente; empezó a tomar para sí las prerrogativas del senado, de las magistraturas, de las leyes, sin que nadie se le opusiera, dado que los más decididos habían caído en las guerras o en las proscripciones, los que restaban de los nobles se veían enaltecidos con riquezas y honores en la misma medida en que se mostraban dispuestos a servirle, y encumbrados con la nueva situación preferían 3la seguridad presente al problemático pasado”. (Tácito, Anales, I, 2).

   Tras leer esto, bien podría ser Tácito nuestro contemporáneo, narrando con asombrosa precisión la situación presente en nuestro país. Los libros de historia pasan sutilmente por alto que Octavio Augusto fue un dictador, cuando me he pasado años corrigiendo a mis semejantes el error de que César no fue un emperador, sino un dictator, y Octavio el primer emperador de Roma (los términos cónsul o prínceps son puros eufemismos), un déspota enfermo de poder, un ángel fieramente inhumano, y sus sucesores un cuarto de lo mismo: enfermos ahítos de poder, en algunos casos de resentimiento.

   No sirven aquí las teorías de la historiografía para el declive de las civilizaciones: la naturalista (declive moral y ético de las sociedades), la cíclica o la biológica (el tiempo cronológico como causa de la decadencia): dan igual. La historia se repite. Los déspotas se suceden. La censura (hoy llamada cancelación) es un hecho. Recientemente he leído una biografía del emperador Tiberio escrita por el político y humanista español de principios de siglo XX Gregorio Marañón, y me ha llamado la atención lo que afirma en sus primeras páginas, pues el enfoque de la biografía es la “historia de un resentimiento”. Afirma Marañón que el resentido es una persona mediocre a quien nadie le auguraba el éxito, cuando él se creía alguien superior a los demás. Cuando, pasado el tiempo, el mediocre es apeado, por una carambola de la fortuna, a la esfera del poder, en contra de lo sería lógico que ocurriera, es decir, que se sintiera orgulloso por haber demostrado a los demás que estaban equivocados, lo que hace es, desde su nueva situación, diseñar su venganza contra quienes le denostaron. Un resentido de libro. En una sola página, tal vez sin pretenderlo, GM daba con la definición exacta de un dictador. Siempre lo he pensado, pero ahora se hace más necesario que nunca el estudio de la historia, una historia más cercana a Tácito que aquellos entregados a una causa y manipulados por sus propios prejuicios.

miércoles, 13 de diciembre de 2023

PATOLOGÍA DEL LIBRO

 PATOLOGIA DEL LIBRO 


   Escojo a vuelapluma este título, que en realidad es una sinécdoque, pues el libro físico es ahora cada vez más saludable, más grande y grueso, más obra de arte, un objeto cultural que goza de una salud como nunca tuvo. El título, ciertamente, debería haber sido “patología del editor”, pero es menos literario. Una visita a una librería de mi barrio, que no es más que el digno intermediario de aquel, me provoca esta breve reflexión. Entrando en ella he puesto a prueba mi abstinencia como comprador, pues hace casi seis meses que no adquiero un libro por falta de espacio,  y este insano impulso lo he sustituido por la lectura de los que tengo en mi biblioteca y nunca abrí, lo cual es mucho más saludable intelectualmente hablando. Ignoro qué y cuánto lee el ciudadano medio, -excepto mi círculo mas cercano-; imagino que mucha gente lo hace, pero lo que he visto hoy me ha dejado estupefacto. Por fortuna había una tertulia literaria en curso al fondo del local formada por un nutrido número de participantes, y esto ha atenuado mi estupor.  La librería era un gran almacén repleto de cientos, miles de libros recién salidos de la imprenta, muchísimos de ellos de grandioso tamaño, inmanejables, intratables, casi hostiles, sólo para forzudos-obras completas casi todos ellos-, entre ellos una nueva edición del Quijote, gigantesca, formando una columna salomónica de quince ejemplares; cinco o seis diferentes ediciones magnas de la Ilíada, otras tantas de la Eneida, que casi nadie comprará, decenas de novedades de autores desconocidos, clásicos reeditados en pasta dura, colosales también, hermosísimos ejemplares, novelas históricas sobre temas ya muy trillados, títulos ya consabidos (frases nominales sin artículo,  sintagmas nominales con él) y un largo número de obras que causa vértigo. El lugar que antes significaba para mí un bello oasis de quietud, una Arcadia donde pasar un rato ojeando los lomos de los libros sobre pulcras baldas, ahora es un lugar opresivo. 

   ¿Hay lectores para tantos libros? No lo creo. ¿Qué sucede? No lo sé. Alguna certeza: los gurús que vaticinaron la muerte paulatina del libro impreso se han escondido en la cueva de  los errores históricos. Otra: parecen estos libros más objetos de adorno o coleccionista que instrumentos de lectura. Lo demás es un misterio. Para leer bien hay que tener tiempo. Ahora que voy a trabajar en cercanías me he dado cuenta de ello, pues he leído en algo más de un año más libros que en los últimos cinco. Por las conversaciones de barra he comprobado que el tiempo es lo que le falta a casi todo el mundo. Hay, por tanto, un enigma que resolver. Y su solución no está en los libros (¿o sí?).


sábado, 28 de octubre de 2023

IRENE ENCADENADA

 

IRENE ENCADENADA

    Visualicen el Doríforo de Policleto: la perfección representada en un joven atleta heleno que personaliza la belleza ideal. Un cuerpo perfecto, su armonía, su pacífica serenidad, su fuerza contenida. La solemnidad, la grandeza del lancero, sobrecogen. Lean después a Tucídices, V, 89: los atenienses exigen a la isla de Melos entrar en su liga contra los espartanos, de quienes son aliados. Los de Melos no ceden. Los imperialistas atenienses asaltan la ciudad, masacran a todos los hombres, esclavizan a las mujeres y los niños y ocupan sus tierras.

   Los griegos nos emocionan con el Doríforo, pero nos muestran su abyección con el asunto de Melos. Se derriba un mito. Grecia no es lo que creíamos.La palabra masacre no debería existir, y sin embargo no solo existe, sino que se escucha cada día. Pero lo más triste es contemplar a quienes justifican o solo hablan de las masacres de unos y silencian las de otros. Tucídides nos narra la guerra del Peloponeso, que durante más de veinte años causó la muerte de miles de helenos, hombres, ancianos, mujeres y niños. Y en esa larga guerra, mientras algunos abogaban por la paz, otros, los más miserables, por orgullo, prepotencia, maldad o simple ignorancia alimentaban la muerte.

   Cuando un ignorante, un fanático, o un descerebrado cae en las manos de una persona cuya iniquidad y abyección le permite manejarle como una marioneta, surge la masacre. En el siglo IV d.C., Hipatia de Alejandría, la hija de un astrónomo y matemático que enseñaba en el Serapeion de la biblioteca, también maestra, acogía en sus clases a personas de diferentes etnias, cultura, ideología y religión. Pero eso no gustó al obispo Cirilo cuando se hizo con el obispado de la ciudad egipcia. O se es cristiano o la masacre. Hipatia, que constituía la libertad de pensamiento, la independencia ideológica, la abstención religiosa y la tolerancia cultural, debía ser masacrada. Los cristianos ignorantes soliviantados por un “hombre de dios” la asesinaron vilmente, tras humillarla. Luego la desmembraron y la quemaron. Abyección nauseabunda. Y donde leen cristianos pongan cualquier creencia religiosa que existe o ha existido entre esta lamentable humanidad.

   Pero ahora no hablamos solamente de gente ignorante. Hablamos de gente formada, intelectuales, universitarios, periodistas, políticos, pensadores, que han caído en las terroríficas redes de la militancia sin sentido. Ante la masacre no debe haber dos bandos, sino uno sólo: el que debe rechazar el asesinato de seres humanos por parte de fanáticos o gentes sedientas de venganza que arrancan lo más sagrado de un hombre o una mujer: su dignidad que nace con la vida.

   Me he pensado mucho escribir estas líneas. Pero mi asco, mi indignación, mi dolor profundo ante el espectáculo abyecto de la muerte indiscriminada y la justificación de ésta por parte de algunos de mis iguales, gentes que no ignoran, sino que simplemente miran hacia un solo lado conscientemente o no, no quiero saberlo, de su insostenible tendenciosidad, me han empujado a opinar y, a la vez, espantar mis demonios y el dolor que este mundo me causa.

   La perversión de estas personas es tal que se han inventado un término para justificar su actitud: o piensas como yo o serás Hipatia. El término es “equidistancia”. Hasta este punto ha llegado la ceguera de una parte de la humanidad. No existe la libertad de pensamiento, no existe el intelectual independiente, la persona no militante de nada salvo de la información y la cultura, la tolerancia y el respeto, el hombre de paz y diálogo que no repite frases hechas o decálogos impuestos por la intolerancia y la manipulación. No existen. No existimos. Somos “equidistantes”, término diabólico. No lo somos: somos simplemente Hipatia de Alejandría. Y lo que causa una profunda tristeza es que estos emaciados ocupan lugares relevantes en nuestra sociedad, han pasado por la universidad, se han formado, pero no son capaces de reflexionar. Lamentar una muerte. Silenciar otra. En las guerras solo hay víctimas. Sólo hay personas abyectas. Callaos ya. Sed valientes y luchar por Irene encadenada, no por el hedor de la masacre.