LOST IN TRANSLATION (2003)
Cuando vi esta película que comentaremos a continuación por primera vez, no pensé en seguida en el significado de su título. Sí me resultó llamativo que no se hubiera traducido el título, como habitualmente se hace en España -aunque es más habitual que el título en español nada tenga que ver con el título original-, y no apareciera en la versión española como "perdido en la traducción", en su versión literal, título que tampoco tiene mucho significado. Por otra parte, me resulta curioso el título en Hispanoamérica: Perdidos en Tokio, un título que pretende retener el participio original y que refleja el escenario, y tal vez la situación de los protagonistas, quienes en realidad no están perdidos en Tokio, sino en la vida. Lo cierto que es podría indagar sobre su significado y relación con la película, pero prefiero teorizar a la luz de los hechos argumentales, que es en definitiva lo que debe hacerse con el arte en general, a saber, que cada cual le encuentre a la obra artística su propio sentido.
Lost in Translation es una película de Sofía Coppola, posterior a otra famosa película suya, Las vírgenes suicidas, ésta no de mi gusto. Sin embargo, considero este film una obra maestra del cine, por muchos motivos: la historia, la fotografía, la visión de la gran ciudad nipona, la caracterización psicológica de sus -pocos- personajes, y los pequeños matices que siempre invitan a la reflexión sobre el sentido -o la falta del mismo- de todo cuanto hacemos.
El planteamiento de la historia es sencillo: Frank (Bill Murray) es un actor de teatro maduro y crepuscular que viaja a Tokio a rodar un anuncio sobre un Whisky local. Durante el mismo, tiene que soportar largas sesiones rodando la misma escena y repitiendo la misma frase cientos de veces a las órdenes de excéntricos artistas nipones que gesticulan mucho y hablan atropelladamente, como si estuvieran constantemente disgustados con todo. Frank se siente un extraño no sólo en aquella ciudad e inmmerso en aquella cultura, sino también en la piel de un hombre que se siente acabado y que ha concluído, a su pesar, su carrera profesional rodando absurdos spots televisivos.
Por otra parte está la joven Charlotte (Scarlet Johansson), recién casada con un fotógrafo que no para de trabajar, siempre ausente, la cual dedica su tiempo en soledad a escuchar cintas de audio de autoayuda y a pasar largo tiempo sentada junto a la ventana observando la superpoblada ciudad de Tokio, llena de rascacielos y coches, ofreciéndonos unas impactantes escenas de una de las ciudades más ruidosas del mundo vista a través del cristal en unas escenas donde el silencio lo acapara todo. Una bella metáfora que subraya esa sensación de soledad que a veces nos atenaza en lugares llenos de gente.
Ambos personajes comparten el mismo lugar donde escaparse de su hastío : el bar del hotel donde los dos se alojan, y donde entablan sus primeras conversaciones. Comienza entonces una relación de amistad entre ambos: él encarna el maduro descreído, sumido en el aburrimiento de una vida que no es más que un puñado de gestos repetidos, en la laxitud del hombre casado y con hijos que ha hecho de su existencia una rutina que lo han convertido en un ser sin expectativas, un "soldado en la batalla perdida de la vida", en palabras de Jaime Gil de Biedma. Frank, pese al aburrimiento, revela en sus gestos, en su forma de hablar, un deseo de transcendencia que él trata con ironía y con la calma que aportan los años y el escepticismo. Pero esa sensación de vacuidad y hartazgo le acompañanan constantemente, y su descenso (o precipitación) hacia el absurdo se acentúa en ciertos momentos cuando Frank conversa por teléfono con su esposa, que está cambiando la moqueta del despacho de la casa, y quien le envía a Tokio un muestrario de colores para que él decida. Es durante estas escenas cuando el espectador toma conciencia de la estupidez de algunos de nuestros gestos, de lo absurdo de nuestro comportamiento cuando nuestros actos se llevan a un contexto diferente, de lo alejados, en fín, como estamos de lo realmente importante.
Por su parte, a Charlotte le consume el tedio, y en esa escena en que toma unas copas con su marido y unos amigos de éste, nos percatamos por la conversación que mantienen de la estulticia de quienes le rodean y la superficialidad de sus vidas, su marido incluído. todo esto hace que Charlotte encuentre en Frank una persona interesante y la experiencia de descubrirlo se le antoja algo apasionante que la atrapa, y a ello se agarra para salvar su alma como un naúfrago a su almadía.
En la parte central de la película Sofía Coppola recurre a la hermosa metáfora del viaje (el viaje como metáfora es una constante en la literatura, donde los personajes "viajan" hacia un estado superior de conciencia sobre sí mismos y el mundo que les rodea, cambiándolos irremisiblemente). En Lost in Translation los personajes se adentran en la noche de Tokio yendo de garito en garito y de fiesta en fiesta, recorriendo juntos un camino que les aleja del tedio y de sus vidas sin sentido hacía una felicidad efímera pero verdadera: Frank vuelve a frecuentar la noche y su contacto con la juventud nipona y la sus actividades le despiertan de ese sueño en el que había estado sumido durante los últimos años; Charlotte se divierte con un hombre maduro y surge con respecto a él un sentimiento que ella no es capaz de comprender, pero que sabe que no es una simple amistad. A la vuelta de su viaje nocturno la suerte está ya echada y a la mañana siguiente, como Agamenón cuando ha decidir si sacrificará a su hija para poder partir hacia Troya, se han ceñido el arné del conflicto emocional, pues el espectador intuye que el amor ha surgido entre ellos.
Frank debe volver a su moqueta y su famila; Charlotte debe regresar a su prisión de lujo, lugares ambos que ellos saben que les harán infelices. Pero el paso que hay dar es, tal vez, excesivo, porque supondría un salto al vacío cuyas consecuencias ambos calculan de antemano. Pero, ¿qué conscuencias son esas?; ella renunciar a una vida que acaba de escoger, tal vez de forma equivocada; él, de romper una familia con todo lo que ello conlleva. Y la pregunta que el espectador se hace es, ¿por qué no se atreven?; ambos han vuelvo a tocar la felicidad y a descubrir que sus vidas no son lo que desean, pero, aún así, deciden, en la última escena de la película, cuando Frank debe tomar el taxi hacia el aeropuerto o despedirlo para quedarse, no hacerlo.
Yo creo que Sofía Coppola deja que el espectador sea quien reflexione sobre lo acertado o lo equivocado de su decisión, pues el conflicto es lo que nos pone a prueba,m y cada cual reacciona ante él de una manera diferente. Y puesto que es lo que la directora, a mi parecer, desea, exponemos aquí nuestras conclusiones.
Quienes traducimos habitualente por placer o por obligación conocemos el proverbio italiano "traduttore, traditore", es decir, "traductor, traidor", proverbio que hace referencia a la imposibilidad de expresar exactamente en una lengua lo que se ha expresado en otra. En otras palabras, traducir -una novela, un poema, una frase, un proverbio, etc, etc- de una lengua a otra es, en cierta medida, traicionar el texto original, pues algo se pierde siempre en la traducción (del latín, traducere: "pasar de un lado a otro, trasladar"). Lost in translation, creo, hacer referencia a esto, pero extrapolado a las relaciones humanas: Frank es consciente de que su vida es tediosa y rutinaria, y ello le llevará a la infelicidad, a vivir una vida sin emociones, sin retos, una vida anodina. Pero es consciente que dar el paso de amar a Charlotte es asomarse al abismo, y, por cobardía, laxitud y conformismo prefiere lo primero a lo segundo, porque la pérdida es inevitable (hogar, hijos, una conciencia tranquila, lo conocido) y, tal vez la certeza de que el amor se terminará también con Charlotte como se ha terminado con su esposa, y todo habrá sido en vano, lleven a Frank a entregarse a su destino, que es seguir con su maldita vida, y obviar el porvenir. La pérdida, en estos casos, es siempre inevitable; la cuestión es: el texto meta -que es como se llama técnicamente lo traducido- ¿es un texto que iguala o supera al texto original o es siempre un texto devaluado?. He ahí la cuestión: ¿traduttore, traditore?. Think about it.
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