sábado, 5 de septiembre de 2015

CAJÓN DE ARTÍCULOS

SUICIDARSE

   Yo leí al gran escritor Césare Pavese por primera vez siendo estudiante universitario, y mi encuentro con él fue fortuito. Me encontraba en una librería ojeando libros –he llegado a leer de pie casi libros enteros porque no tenía dinero para comprarlos, cuánto han cambiado las cosas- cuando cogí un libro suyo recién publicado en español, El diablo en las colinas (Il diavolo sulle colline), y leí en la contraportada que se había suicidado en un hotel de Turín apenas dos meses después de obtener el prestigioso premio Strega. Fue este detalle precisamente el que me impulsó a comprar su libro.
   Los suicidas son bastantes (afortunadamente no son abundantes), pero sólo los artistas poseen el discutible honor de ser recordados, además de por su obra, por haberse marchado voluntariamente. También se suicidaron otros escritores como Paul Celan, Yasunari Kawawata, su discípulo Yukio Mishima (quien se hizo hacer el terrible “seppuku”), Stefan Zwein, Hemingway, Jerzy Kosinski  o Virginia Woolf.
   Uno se pregunta si lo que conduce al suicidio es la ausencia de esperanza o la desesperación. Todos hemos podido sentir ambas cosas en algún momento, pero nuestro instinto de supervivencia por fortuna es más fuerte, y el conflicto entre abandonarse a la muerte o continuar a pesar del dolor suele resolverse a favor de esto último. El suicidio, sea como fuere, no tiene nada de romántico. Ese gesto que, para unos es propio de cobardes que no son capaces de afrontar el dolor que les causa la existencia, para otros es propio de valientes porque para morir de propia mano haría falta mucho valor, es un gesto desesperado de quienes no ven otra salida a su sufrimiento. El suicidio, además, es poco aceptado y menos entendido por la sociedad, y constituye una importante fuente de polémica ético-religiosa.
   Uno, al leer a los autores suicidas, rara vez percibe esa desesperación, y, si lo hace, lo atribuye a la literatura. A Pavese le atormentaban su mala suerte con las mujeres, que le consideraban aburrido, y la nociva memoria de su infancia, que él había mitificado. En el fondo, los suicidas son personas que llegan a la conclusión de que su vida es absurda y, por ello, no merece la pena vivirla, despojándola de todo valor. Albert Camus, ese vitalista, escribió un ensayo dedicado a este mal exclusivo del ser humano (los animales no se suicidan), y encontró en Sísifo un modelo de quien tendría motivos para realizar este acto infame o liberador, pero que no lo hizo.
   Sísifo, ese héroe mitológico condenado por los dioses a empujar una roca hasta la cima de la montaña y depositarla allí, para ver cómo volvía a caer a los pies de la misma, volver a bajar, volver a empujar…y así hasta el infinito, es la alegoría de lo absurdo y lo inútil. Los escritores suicidas más arriba citados eran Sísifos que empujaban, claro está, sus propias rocas. Pero Camus imagina a su Sísifo de otra manera, pues, a pesar de su castigo, tiene esperanza. Lo imagina bajando la montaña feliz porque ha aceptado su destino, y, de este modo, se ha adueñado de él, ha aceptado sus límites, y así es capaz de modelarlos, porque hay mucho más en su existencia. Hay que, como piensa Camus, “aguantar el absurdo, gozar la tierra y lo concreto, mantener una constante rebeldía contra todo lo que nos empuje hacia la desesperación”.

   Claro que teorizar es más fácil que vivir. Los acontecimientos más recientes de los refugiados que huyen de una miseria que sus países les obligan a vivir son ciertamente trágicos y dolorosos. Los medios de comunicación, no sabemos si para bien o para mal, se ocupan de arrojar cadáveres a los salones de nuestras casas para que reflexionemos. En estas personas, hombres, mujeres, niños, vemos la desesperación del ser humano que podría llevarles a la salvación o al suicidio. Lo paradójico es que su gesto, la huida desesperada, es para ellos su esperanza de salvación, mientras que nosotros, privilegiados habitantes del primer mundo, lo vemos como un suicidio. No es la vida, en realidad, absurda: sólo nosotros la hacemos así. 

lunes, 31 de agosto de 2015

ONÍRICO PASEO...



It is sad the evening
and gathers sadness
the already fading light
behind the curtains.

It is sad your father's photograph
so long now the silence
of his voice, so tangible
his irrefutable absence.

It is sad the stillness
of the children's empty room,
and the photo of theirs with their mother,
despite the smiles.

It is sad the kitchen
cleaned, and the obstinate
humming of the dishwasher.

the books are sad
slept on the shelves,
and sad are their pages
which my eyes yearn for,
which my eyes someday
went through,
their words now all forgotten.

It is sad this piece of sky
which the window frames,
caught in it self
like a palindrome.

It is sad the endless avenue
where empty dwells,
and the amber light of twilight
waists its beauty.

It is sad the rock awaiting
unfflappable
at the foot of the hill
with the prime ray
of tomorrow.

viernes, 28 de agosto de 2015

BREVE MISCELÁNEA DE ESTÍO





   Puesto que tengo contraída una deuda con el único seguidor de este blog sobre literatura, cine y otras cosas que me provocan inquietud, no quiero que termine el verano sin haber escrito algo y así compartir con él (y los demás que quieran leer estas líneas) mis lecturas y las películas que me han seducido estos meses estivales a modo de recomendación para los ratos de ocio.
   Primero, las películas. He visto bastantes películas este verano, casi todas en la televisión, casi todas muy malas. Continúo pensando que hoy en día se hace demasiado de todo –se escriben demasiados libros, se ruedan demasiadas películas, se celebran demasiadas exposiciones de arte-y son muy escasas las cosas que tienen calidad, originalidad, ingenio o interés. Hay poca belleza y reflexión entre tanta confusión vanal.
   Las mejores películas que he visto han sido tres “westerns” clásicos, casi con los mismos actores (James Stewart, John Wayne, Robert Mitchum y Dean Martin), los tres magníficos, sobre todo los dos últimos: El hombre que mató a Liberty Balance, El Dorado y El póker de la muerte. Siempre he adorado las buenas películas del Oeste,pero hasta hace poco no había reparado en su profundidad , tras su aparente frivolidad y violencia. Nada más lejos de la realidad, pues hay decenas de “westerns” de gran profundidad sicológica e incluso filosófica. Por estas películas desfilan una galería de personajes que reflejan con fidelidad al ser humano, ente vivo ruin, egoísta, altivo, cobarde, lascivo, borracho, soberbio, débil, violento, asesino, pero también noble, responsable, valiente, con principios, sensible y a veces justo. Y esto sin que aparezcan los indios, mucho más inteligentes e inofensivos siempre que los vaqueros. La mejor metáfora de estas películas es, sin duda, un hombre con una pistola en el cinto cuajado de balas asesinas. Me imagino vivir en esa época y pensar en que uno, al levantarse, no sabía si acabaría el día vivo. Dale a un hombre una pistola y de manera espontánea saldrá a la superficie su verdadera personalidad. Esta metáfora es esencial, pues demuestra cómo en igualdad de condiciones, los seres humanos son capaces de arruinar o directamente sesgar la vida de otro in ictu oculi por una insignificancia debido a una inconsistencia de la personalidad (definida esta con cualquiera de los adjetivos citados más arriba) por el solo motivo de poder llevar un arma a la altura de la mano. En cambio otros –los menos- saben utilizar el arma con mesura e inteligencia. Maravillosas películas del oeste que se asemejan sin duda a las mejores tragedias de Eurípides.
   Ahora los libros. Seré breve con respecto a ellos. Primero Paul Auster. Yo he leído tres libros maravillosos del neoyorkino: Trilogía de N.Y., libro mítico ya, Mr. Vértigo y El palacio de la luna, para mí esta última la mejor de las tres. Este verano he culminado otra de él, El libro de las ilusiones, libro que no recomiendo porque, pese a, como es habitual en Auster, la genial estructuración de la novela y sus personajes, muy logrados en su caracterización psicológica, no aporta nada, no enseña nada y no invita a la reflexión, todo ello raro en Auster pero presente en esta novela, fácilmente olvidable: como decía William Goldman, novelista y guionista, una buena película es aquella de la que al menos recuerdas una buena secuencia. De este libro no recuerdo ninguna. Excuse me, Mr Auster.
   Sí recomiendo sin embargo los relatos de la neozelandesa Katherine Mansfield, que murió con tan sólo treinta y cinco años, pero que se hizo inmortal. Por eso es tan grande escribir, porque, como decía el poeta latino Horacio en su Oda III, escribiendo uno no muere del todo (non omnis moriar). Mansfield (hay que leerla en inglés) escribe relatos deliciosos, de extensión más bien larga, pero nunca hasta el punto de que nos invada el tedio o el relato corra el riesgo de decaer. Por sus relatos transitan personajes muy reales que los mortales vulgares no seríamos capaces de describir y que Mansfield hace magistralmente, mostrando al lector todas las caras posibles de los seres humanos, hilando muy fino lingüísticamente cuando describe tal o cual persona y los rasgos más definitorios de su carácter, sobre todo si pertenecen a otra cultura o son de otra nacionalidad. K.M: es una maestra de la observación de esos detalles que hacen que sus relatos sean miniaturas en forma de tratado sobre nuestras miserias y nuestras grandezas también.
   Para finalizar, un pequeño ramillete de autores a los que vuelvo cada verano (admito mi incapacidad de leer los volúmenes que ahora imperan en los escaparates, verdaderos ladrillos que parecen ser imposiciones editoriales): recomiendo siempre la lectura de Albert Camus, sobre todo sus ensayos cortos reunidos en el breve volumen titulado precisamente El Verano, que no glosaré; tan sólo diré que su lectura puede cambiar la visión que uno tenga de la vida. Estoy leyendo Crimen y castigo de Dostoievski, y, pese a la sordidez del ambiente y de los hechos narrados, es delicioso de leer, pues cada página es equivalente a un tratado de sociología, sicología o narrativa. Dedicaré una reseña especial cuando termine el libro -y ahora voy a contradecirme- que es bastante grueso. Pero la diferencia con respecto a los gruesos libros actuales estriba en la calidad literaria.

   Por último, si el lector busca algo más transcendente, recomiendo la lectura del libro de Viktor Frankl, autor del famoso y ya clásico El hombre en busca de sentido. El que yo he leído en julio es una secuela de aquel, como su título indica, El hombre en busca del último sentido, y en él Frankl se sumerge, a diferencia del anterior, en una reflexión sobre la transcendencia del ser humano, sobre su parte más sublime, llamemosle alma, y el papel que ésta juega durante nuestra existencia como prisma a través del cual podemos intuir la complejidad de nuestro mundo y nuestro lugar en él. Vale la pena adentrase en este libro, si bien no es lectura fácil. Pero leer no siempre lo es…

Agosto 2015.

lunes, 4 de mayo de 2015

CAJÓN DE ARTÍCULOS: BABEL SOBRE EL PAPEL



BABEL SOBRE EL PAPEL

   “Penitenciagite! (…) la mortz est super nos! Ruega que vinga lo papa santo e liberarnos a malo de tutte le pecatta!(...)et mesmo jois  y placer m’es dolors!”.
    Con frases como éstas hablaba e intentaba comunicarse (lenguaje y comunicación, cosas distintas, que en ocasiones ocurren en hermosas bodas, en otras viven en triste divorcio), el personaje de Salvatore, en la novela de Umberto Eco El nombre de la Rosa. Adso, el joven e inexperto novicio que acompañaba en el relato al experimentado y sabio Guillermo de Baskerville, decía del franciscano deforme que él “habla todas las lenguas y ninguna”. Si bien el personaje es muy literario en su esencia, este fenómeno de hablar muchas lenguas y ninguna al mismo tiempo es muy frecuente hoy en día, siendo Salvatore su referente real –transmutado en hipérbole, claro está-, pues con más frecuencia se utiliza ahora, tanto en el lenguaje oral como sobre el papel, sobre todo en el ámbito de la comunicación, esta confusión de lenguas.
   Mi memoria extrajo de las sombras del olvido a Salvatore cuando, de vuelta de un viaje, cayó en mis manos una revista de esas dirigidas a un solo sexo, en este caso el mío, en las que el lector se supone que encontrará lo más trendy que deberá incorporar a su vida si no desea estar out. En ella, los temas consabidos del masculino sexo: últimos modelos de automóviles y nuevas tecnologías; moda y prohibitivos complementos de marca; templos gastronómicos sólo para unos cuantos bolsillos, o bares de copas de moda; negocios y empresas emprendedoras, y algún que otro perfil de quienes las dirigen o regentan, a saber, jóvenes triunfadores, por supuesto con apariencia Hipster y hermosa, que se colocan trajes a medida sobre sus bien cuidados cuerpos, ilustrados of course con algún que otro tatoo.
   Si bien la revista no refleja ni por casualidad la realidad de los españoles medios, quienes hacemos magia con nuestros ingresos, que somos triunfadores para nuestras madres, que nos vestimos en el Zara de un factory, o que tal vez llevemos en alguna ocasión algún saldo encontrado en Adolfo Domínguez y usamos un aftershave de doce euros, por el contrario sí es un vivo reflejo de cómo en un país en el que muy poca gente habla inglés y mucha menos habla inglés correctamente, los textos y los discursos están plagados de anglicismos que, quienes los usan, sólo son capaces de insertarlos en un único contexto y con un solo significado, inhabilitando el término para poder ser usado en otros distintos con diferentes significados. Pondré unos ejemplos tomados de un par de artículos (prometo que no miento: podrían leerlos si recordara el nombre de la revista, de la que, tras apuntar los términos, me deshice con estupor), que glosaré para abreviar. Veamos: Unos jóvenes empresarios utilizan el novedoso instant lab, que transportan en sus trunkers; por supuesto, utilizan crowdfunding y bitcoins, y poseen un wallet que usan en su startup. El uso de estos gadgets es imprescindible para estar totalmente updated (¡ay!).Por otra parte, para mantenerse en forma, por supuesto, búscate tu personal coach, y come bien: ahora se lleva, que lo sepas, la street food en food trucks. No puedes tampoco dejar de probar ser un bearded man aunque sólo sea por un tiempo y no te favorezca, o tener un estilo trendy, algo como, por ejemplo, un street style, ni dejar de asistir a las fashion weeks, donde se muestra el estilo de moda: el estilo British, con sus magníficos mix de prints.

   Tomen aire. No escribiré más. Si no han entendido del todo las palabras que se han transcrito al principio de este texto, no espero que entiendan todas las que acaba de leer. Todo ello refleja una moda, que no es la de hablar o usar dos lenguas, sino ninguna, ni inglés ni español, y mi estupor no lo causa la introducción de todos estos términos en aquel último, algo habitual cuando es el inglés la lengua que mueve la economía, sino su inutilidad y fealdad. Se trata de artículos escritos en lenguas de modernos Salvatores que resultan snobs  y cargantes, y, lo que es peor, a veces incomprensibles. Adso tuvo la Rosa, pero no su nombre. Nosotros tenemos el texto, pero no lo entendemos. ¿Qui diavolo é tutte iste mot che per la mia mamma et il meu para non capisco neanche per casualitát?. Yo recomiendo, sin duda, el Wordreference, excelente diccionario Online, o bien ser respetuoso con ambas lenguas. Tal vez lo último sea lo mejor. 

viernes, 9 de enero de 2015

PREGONES...Y DEMÁS COSAS SERIAS


  He de confesar que no soy amigo de pregones. Que te toque en suerte redactar y declamar después un pregón no es cosa fácil, pues el género en sí impone demasiadas cosas, entre muchas otras, el compromiso de gustar a todos, de renunciar a la libertad de disgustar por el hecho de escribir algo que los que escuchan, no esperaban. Todo cambia cuando el pregón se transmuta en una declaración que tiene su génesis en la voluntad de desnudarse, y mostrar a los que escuchan tu más sincero yo, o, lo que es más hermoso, de poner por delante el sentimiento a la gloria personal de ser El Elegido.

  Pero cuando uno lee en un pregón como el que ha leído y que ha de pronunciarse tras una cabalgata de Reyes Magos aquí, por mis lares, por mi maldita tierra sureña, tan impregnada de lugares comunes y de miopes localismos, lo que surge es un sentimiento de culpa por no haber comprendido que , lo que yace detrás, es lo que siempre yo he defendido: lo que importa no es por qué sucedes, ni hacia dónde caminas, sino la percepción clara de qué es importante, que no es más que los momentos en los que has sentido la felicidad y el amor de los tuyos, y la vivencia de esos momentos indelebles que nuestra bastarda memoria se empeña en enterrar con el paso del tiempo.

A Juan Alcaide le debo muchas cosas, que él ignora, pero ese modesto y a la vez magnífico texto en forma de pregón que ha escrito con motivo de la exaltación de la cabalgata de reyes de su pueblo, Alcalá de Guadaira, tan particular, por las servidumbres que el género en sí mismo tiene, pero tan personal en muchas de sus partes, me ha devuelto algo que hace tiempo había creído haber perdido definitivamente: la ilusión. y me quedo sin duda con una hermosa frase, que debo citar:"que esta locura va en serio; que va en serio esta locura".Lo que en realidad nos mantiene vivos, lo que nos ayuda a seguir adelante es algo tan simple como la ilusión: la de recibir un regalo al levantarnos, hecho que en la madurez no percibimos, el regalo de seguir aquí, de tener une familia, unos amigos, unas hermosas memorias, un pasado, un futuro. Y una locura, como las que pensaron Platón,  Sófocles, Jesús, Shakespeare, Bonald, Pink Floid, Camus, tú, yo, o los Magos de Oriente, una bendita locura tan importante como un pequeño pregón, de un pequeño pueblo, de un pequeño sueño: La noche de los Reyes Magos, sutil metáfora de nuestros pequeños inconmensurables deseos de sentir el sutil abrazo de la felicidad. Gracias, amigo.