¿PARA QUÉ SIRVE LA LITERATURA?
¿Para
qué sirve la literatura?. Antoine Compagnon. Acantilado (2008).
Este breve librito de Antoine Compagnon,
catedrático de literatura de La Sorbone y la Columbia University de NY intenta
responder a una de las siempre impertinentes preguntas que comienzan con “¿para
qué sirve…?”, muy típica del estudiante adolescente, y que suele exasperar a
los profesores. Ya escribí en otra ocasión que aún está por redactar el tratado
De utilitate rerum, si bien
personalmente creo que todo cuanto el ser humano hace con su creatividad posee un fin, y, por tanto, una utilidad, si el resultado tiene una repercusión
constructiva en las sociedades humanas. Las perspectivas holísticas, ahora tan
de moda, llevan a esta conclusión, pues, de lo contrario, si contemplamos la
utilidad de las cosas desde una perspectiva mortal, todo sería vano e inútil.
No es éste el punto de vista de este pequeño
ensayo, en realidad una lección inaugural del autor leído en el acto de la toma de posesión de su cátedra en el Collège
de France, sino que se trata de un análisis crítico y político de la utilidad
de algo que, para empezar, es connatural al hombre y su arraigo en la sociedad
jamás podrá erradicarse. En aras de la simplificación, por si el lector quiere cotejar
sus experiencias como lector o escritor con las ideas de Compagnon, comentaré
desde mi experiencia seis ideas que constituyen, sin duda, la vertebración del
libro.
1. LA LITERATURA PERMITE SALIR DE NOSOTROS
MISMOS. Es indudable que cada uno de nosotros nos ubicamos en un
paisaje concreto, que es nuestro universo personal, tanto físico como afectivo
e intelectual, y, en cierto modo, estamos atrapados en él. Recuerdo mis
primeras lecturas adolescentes de Mika Waltary (Sinuhé el egipcio, El Etrusco y
Marco el romano) exactamente como reza el título de esta primera idea: el
descubrimiento de nuevos universos. Pero ese salir de nosotros mismos no se
limita a un trasladarse con la imaginación a través de la lectura a otro lugar
y otro tiempo, al estilo del romanticismo, sino a abandonar el ensimismamiento
y enfrentarnos a nuestros prejuicios y límites personales, como a mí me sucedió
cuando descubrí a Césare Pavese y pude comparar sus obsesiones personales (la
infancia mitificada en San Stefano Belbo, la figura materna, el campo y su
simbología) con las mías, e intentar así, con apenas veinte años, conocerme
mejor a mí mismo.
2. AUNQUE LEER NO ES INDISPENSABLE PARA VIVIR, LA VIDA ES MÁS AGRADABLE, MÁS CLARA, MÁS RICA PARA AQUELLOS QUE LO HACEN. Esta idea es cristalina y casi no requiere reflexión. Ante la duda de que aquellos que no leen se están perdiendo algo que daría más calidad a sus vidas, la respuesta de Platón sería que no, pues quien yerra no lo hace conscientemente, sino porque no se le ha educado para practicar el bien (es decir, quien no lee ignora el placer de la lectura). Pero sí es cierto que quien ejerce el bien aporta más a la sociedad en la que vive que quien no lo hace. Los amantes de la literatura –podría incluso decirse los “militantes”- buscan, en efecto, en los libros, hacer de su experiencia vital algo más agradable, más claro y más rico. Compagnon recuerda una cita de Francis Bacon que es muy certera, además de brillante: “La lectura hace a un hombre completo, la conversación hace a un hombre despierto, la escritura hace a un hombre cabal. Por eso, si un hombre escribe poco, debe tener una buena memoria; si habla poco, debe tener una mente alerta; y si lee poco, debe tener mucha astucia para aparentar saber lo que no sabe”. Aquí se toca el tema de la lectura como elemento formativo que sin lugar a dudas tiene. En mi caso particular, soy lector que, desde mi juventud, he apuntado mucho y anotado los márgenes de los libros leídos. Me sorprendió leer en un libro de Jesús Marchamalo, Tocar los libros, (muy recomendable) que él no se acordaba de la mayoría de los libros que había leído (cientos). Yo no concibo que la lectura de un libro pueda caer en el olvido absoluto, lo cual sí es verdaderamente inútil, y por ello conservo esas notas, en forma de cuadernos, que a veces releo.
3. LA LITERATURA ES UN REMEDIO PARA LIBERARNOS DE LA AUTORIDAD. Autoridad intelectual, política o religiosa, da lo mismo. Esta idea es fundamental, pues hablamos de la experiencia de la autonomía y, por lo tanto, de la libertad de pensamiento. Aunque un teórico de la literatura diga que esta idea es propia del romanticismo, no hay que prestarle atención. La teoría de la literatura no le interesa al lector medio. Pero me parece esencial el tema de la lectura como remedio para salir de la cueva platónica (de nuevo Platón: leí en un libro sobre el pensador cuyo autor decía que toda la historia de la filosofía es "notas a pie de página de Platón"), pasar del “dicen” al “yo pienso” que da la lectura sobre todo de ciertos libros. Esto ha estado siempre en el punto de mira de los totalitarismos: evitar que el pueblo sea culto, que conozca y pueda pensar por sí mismo, algo aún muy actual, lamentablemente. La literatura es un arma demoledora para combatirlo.
4. LOS ESCRITORES (ARTISTAS) TIENEN LA
FUNCIÓN DE VER Y HACERNOS VER LO QUE NO PERCIBIMOS DE FORMA NATURAL. Esta
idea también es un pilar esencial de la literatura. Recuerdo la primera vez que
leí un poema de Francisco Brines (aunque me había ya pasado muchas veces con
otros poetas). El recientemente fallecido poeta me dijo con esos versos algo
que estaba ya en mí, pero que yo no había sabido nunca expresar con palabras.
Trasládese eso a todo cuanto los lectores extraen de las páginas que leen,
aquellos momentos de la lectura en los que el lector aparta la vista del libro,
alza el rostro, mira al horizonte y reflexiona. Ese es el momento exacto del deslumbramiento y el descubrimiento alucinante.
5. NO PUEDE HABER LITERATURA DESPUÉS DE
AUSCHWITZ. Esta penúltima idea que epitomizo me pareció devastadora
la primera vez que la leí (en la introducción a una recopilación de la poesía
de Fiedrich Hölderning), que es de Theodor Adorno (filósofo judío americano), y con la que nunca estuve de acuerdo, si bien sí pienso que hay un antes y un después de Auschwitz. Compagnon disiente también de esta
idea. Es comprensible que la infamia del exterminio alemán nazi llevara a
algunos a pensar que la humanidad había quedado estigmatizada para siempre y la
literatura, a partir de Auschwitz (en realidad sinécdoque por el ominoso número de judíos
asesinados por Hitler en todos los campos de exterminio nazis), parecería toda
trivial. Pero esto no puede ser así. Yo he leído varias novelas que tratan
sobre El Holocausto, y la lección ha sido demoledora, la experiencia devastadora, incluyendo algunas obras
líricas que hablan de exterminios humanos (a vuelapluma se me ha venido a la mente la poesía de Yusef Kamunyakaa
sobre la guerra del Vietnam que él vivó y a la que sobrevivió). Recomiendo uno: Sin destino, de Imre Kértesz (premio
Novel), que narra la historia de un adolescente judío que, al principio del
nazismo, ve cómo su padre ha de marchar del hogar a “trabajar” con los alemanes
y más tarde él mismo, quien, con los ojos inocentes al principio, irónicos después, de quien ignora lo que el exterminio nazi supuso, hasta que comienza a comprender, describiendo su paso por varios campos de trabajo y lo que
allí vive y observa, aferrándose a la felicidad aberrante de estar vivo. Espeluznante. Por no hablar de los testimonios literarios de Primo
Levi y de Viktor Frankl. La literatura después de Auschwitz es necesaria,
porque, aunque el recuerdo de Auschwitz sea doloroso y parte de la historia
universal de la infamia, citando a Borges, no debe ser olvidado.
6. LA LITERATURA CONTRIBUYE A NUESTRA
“EDUCACIÓN SENTIMENTAL”. Esta última idea que destaco me parece
también esencial. Una buena educación escolar es imprescindible para forjar a
un ser humano. Pero además una buena formación literaria contribuye al
desarrollo de nuestra personalidad, a malear una persona culta cuya cultura le
ayude siempre a mejorar. Mi “educación sentimental” se ha forjado sin duda con
los clásicos grecolatinos, con la literatura universal europea, más tarde la
americana, luego la Oriental, que, gracias a las guías naturales y a los amigos de quienes
amamos la literatura, nos han llevado a esos autores iluminadores e
imprescindibles para cada cual (no son los mismos para todos nosotros). Se
accede de esta forma a una experiencia sensible y aun conocimiento moral que
nos lleva a ser conscientes de nuestra diversidad y la diferencia de valores de
los demás con respecto a los nuestros. Nada más enriquecedor.
Como
conclusión destaco que, ante la tan difícil pregunta de la utilidad de la
literatura, estos aspectos que he resaltado son los que me parecen que la
responden satisfactoriamente. Quedan, por supuesto, algunos en el tintero
(combate la soledad, convierte a otros en escritores, mejora el uso del
lenguaje, etc.) Una persona verdaderamente libre de prejuicios y con
independencia intelectual (los adolescentes aún no entran en este grupo) nunca
preguntaría por la utilidad del arte en general: el arte no tiene un fin
pragmático, sino que es en sí mismo un medio pragmático. En realidad lo que me
gustaría resaltar sobre todo es que una sociedad educada e intelectualmente
libre y sana nunca debería preguntarse por la utilidad de las cosas que no dan
un producto definido o materialista. Se comete, de nuevo, el error de ver la
vida unilateralmente –el pragmatismo- y despreciar nuestra humanidad, que es lo
que nos ha llevado a lo más vil y a lo más sublime, y es a esto último a lo que todas las actividades
humanas consideradas inútiles por una sociedad enferma deben aspirar. La
literatura es una de ellas.
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