REQUIEM POR LA BELLEZA
Me impresionan tal vez las
sutilezas del día a día, o sus convulsiones, que pueden proceder, de repente, inesperadamente,
de dos experiencias brutalmente antagónicas: la belleza y el horror. Me despierto esta madrugada con una noticia que anega el día con sangre y destrucción,
muerte y miedo, y poco después leo la descripción de un adolescente, en un
examen de historia del arte, aquí en nuestra placentera realidad de un lugar
hermoso del sur, de una escultura de Bernini. De nuevo la contradicción –tan humana,
tan sobrecogedora- de los contrarios: la muerte y el absurdo, el horror y la
iniquidad, por un lado, y lo sublime y bello, la perfección estética y
trascendente, por otro, manchada por un instante con la sordidez del asesinato
insensato. La pregunta es por qué aún, nuestra especie, sigue ignorando un
horizonte de belleza que existe en nuestra naturaleza, y decide traspasar los
límites que tan lejanos están de la naturaleza misma. Sería un sueño que todo
estuviera esculpido con el cincel perfecto de Bernini, y no con el brutal y
repugnante gesto de una bestia racional. Aún no comprendo por qué la paz, la armonía, la belleza y la luz siguen doblegándose ante el apocalíptico jinete
de la muerte, el fuego y la devastación. Dormiremos el sueño de quienes
contemplamos el horror desde la atalaya de una vida que suena como un agradable
jazz. Hasta que aniquilen a nuestro hermoso trompetista. Luchemos por la justicia de lo bello.
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