IV
CANCIÓN, SIN MELODÍA
Despaisados,
privados de sensatez
Y de
contemplación,
Heridos,
tal vez muertos ya
Todos los
hombres.
No existe
un deseo enfermizo
Y urgente
de poseer
La luz y
sus destellos,
De ser el
día, de vivir solamente
En paz,
aquí, en las
Afueras,
donde todo
Es más
limpio y algún
Resentimiento
agrio y decepcionante
Que los
hombres despiertan
Está más
contenido.
Yo entiendo
poco de hombres pero creo
Que el río
es un hombre gris
Y hay un
fragmento de su
Flujo en el
triste museo de la escarcha
Que hiela y
atemoriza.
Yo no he
venido a ver
El cielo,
he venido a ver la turbulenta
Hiel, a
arrojar mi desprecio
Entre sus
brazos, a vivir
Tu vida
como si fuera mía, a morir
En la vida
como si fuera
Eterna, o a
existir
Más allá de
los hombres, por encima
De valles,
de montañas, de
Ríos, y
encontrar una voz
Que sea mía
y tuya, al mismo tiempo.
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