lunes, 26 de mayo de 2014

PINCELADAS POÉTICAS: ÁNGEL GONZÁLEZ




PINCELADAS POÉTICAS: ÁNGEL GONZÁLEZ

    Es el asturiano Ángel González uno de los poetas a quien más acudo desde que, hace ya muchos años, mi amigo Pedro Guil, el traductor del poema de Christianópulos de una de nuestras pinceladas poéticas, me regaló un libro suyo, “Palabra sobre palabra”. Y es así porque, desde que entró en mi vida, mi visión de la misma cambió sustancialmente. En aquellos días, cuando la universidad comenzaba a ser un recuerdo distante y a convertirse en una etapa mitificada de nuestra vida, yo iniciaba un camino nuevo en la que los ímpetus de la primera juventud se iban atenuando y los viejos sueños de esta segunda edad iban sustituyéndose, paulatinamente, por decepciones, porque la vida no era lo que esperábamos: “que la vida iba en serio/uno lo empieza comprender más tarde“, escribe Jaime Gil de Biedma, otro gran poeta del grupo de A.G., la generación poética de los 50.
   Fue justamente entonces cuando hallé en la poética de A.G. la expresión de todo cuanto sentía de una manera magistral y rotunda. Así, en sus versos encontré desolación, hastío, angustia, confusión y un acusado existencialismo con los que me identificaba en aquellos momentos. Pero lo que más me gustó del poeta fue su voz lírica, aparentemente sencilla y directa, sin artificios, pero repleta de hallazgos expresivos y brillantes imágenes, metáforas y símiles, todo ello traspasado por una ironía rebosante de agudeza que denotan que A.G. fue un gran observador de todo cuanto le rodeaba. Versos como “fidelidad, afán inútil./¿quién tuvo la arrogancia de intentarte?”, o los catulianos “hoy todo me conduce a su contrario(…) existo, luego muero/(…)me alimento del hambre./odio a quien amo.”; o “se paga con la muerte/o con la vida/pero se paga siempre una derrota/”, o bien “…envenenar la vida/ con la letal ponzoña de los sueños”, o, finalmente, “sólo lo inesperado o lo imposible/podría hacerme llorar/una resurrección, ninguna muerte”, donde el poeta destila crudo realismo, frustración, decepción, crítica política o hastío vital, y sacuden al lector y le descubren un poeta vivo que se duele y que, por este preciso motivo, desea vivir nuestra a veces absurda existencia con más intensidad y con mayor lucidez, dejando ver tras la oscura pátina pesimista de sus versos un vitalismo paciente y forjado a base de la experiencia, como acertadamente subraya Luis García Montero, gran conocedor del poeta.
   El poema que hemos escogido es un poema duro, donde el poeta, sumido en un existencialismo amargo, desgrana su cansancio vital y reivindica su yo decepcionado con respecto al inmovilismo de la existencia, al hastío que le causan las cosas conocidas e inmutables: “...la vida así dispuesta/el cielo turbio/la lluvia que lame los cristales”, a lo que sigue, a nuestro juicio, una de las estrofas más crudas y a la vez más líricamente logradas de la producción del poeta . Pero lo más sorprendente del poema es que, sin esperarlo el lector, descubre con estupor que el destinatario del poema es el propio Dios. A partir de ese instante, los versos acentúan su tono indignado y la rabia del poeta gana especial intensidad convirtiéndose en un reproche amargo y lleno de angustia contra el Creador, rozando a veces la ira: “Pero alguien/ envenenó las fuentes/ de mi vida y mi corazón es/pasión inútil, odio/ciego….crisol donde se funden/contrariedades con contradicciones.”. Dios como entidad en la que volcar todo cuanto duele al poeta le sirve asimismo para transformar su hastío y su amargura en un vitalismo final que reivindica la individualidad y la libertad de vivir su vida sin la losa constante de la transcendencia, de alguna manera impuesta a los de su generación: “Y mi voluntad sigue,/inútilmente/empeñada en la lucha más terrible: vivir lo mismo que si tú existieras”. Unos versos, ciertamente, para pensar.




REFLEXIÓN PRIMERA
   Despertar para encontrarme
esto:
la vida así dispuesta,
el cielo
turbio, la lluvia
que lame los cristales.


  Abrir los ojos para ver
lo mismo,
poner el cuerpo en marcha para andar
lo mismo,
comenzar a vivir, pero sabiendo
el fracaso final de la hora última.
  


Si esto es la vida, Dios,
si éste es tu obsequio,
te  doy las gracias -gracias- y te digo:
Guárdalo para ti y para tus ángeles.
  


 Me hace daño la luz con que me alumbras,
me enloquece tu música
de pájaros,
pesa tu cielo demasiado,
oprime,
aplasta, bajo y gris, como una losa.
 


 Todo está bien, lo sé.
  Tu orden
se cumple.
  Pero alguien
envenenó las fuentes
de mi vida, y mi corazón es
pasión inutil, odio
ciego, amor desorbitado,
crisol donde se funden
contrariedades con contradicciones.
  


Y mi volundad sigue,
inutilmente,
empeñada en la lucha más terrible:
vivir lo mismo que si tú existieras.

jueves, 22 de mayo de 2014

CAJÓN DE ARTÍCULOS. ESCAPARATES LITERARIOS


   

   Tal vez resulte para algunos excesivo afirmar que el negocio editorial sigue unos derroteros y la buena literatura sigue otros distintos. En verdad, esta afirmación es una contradicción en sí misma, pues se supone que el negocio editorial tiene como finalidad difundir la buena literatura, además de obtener beneficios económicos. No obstante, pensamos que lo primero no es empíricamente demostrable y lo segundo es incuestionable. Los lectores suponemos que aquellas obras literarias (y me refiero sólo a los géneros narrativo, la poesía y el ensayo; excluyo (auto)biografías, literatura didáctica e infantil y otros) que se imprimen y ocupan las baldas y los escaparates de las librerías han superado ya la prueba de calidad, las editoriales han apostado por su publicación y lucen allí como buenos libros dignos de ser leídos.


  ESCAPARATES LITERARIOS


   Nosotros opinamos aquí que eso no es cierto. Hablemos, pues, de certezas. Es verdad que puede argüirse que hay tantas literaturas como lectores, pero no lo es menos que la clasificación excelente-bueno-regular-malo-infumable puede legítimamente utilizarse con respecto al panorama literario actual. También es cierto que se tacha de pedante a quien opina que los best-sellers suelen rozar lo regular-malo-infumable, pero también lo es el argumento de que el mero hecho de ser los libros más vendidos refuta tal asevaración. Entonces entramos en el terreno de la sociología de la literatura, donde nos perderíamos en inútiles disquisiciones, pues cada cual puede leer lo que le venga en gana, desde lo excelente a lo infumable, haciendo uso de su libertad. (No olvidamos aquí que recientemente se ha vuelto a publicar la obra de García Márquez tras su muerte y algunos de sus libros ocupan los primeros primeros puestos de las listas de los más vendidos. De él sólo he leído El general no tienen quien le escriba, y G.M. no es un autor que me guste).  

   Nosotros nos referimos a otra cuestión. Pensamos que hay demasiados libros publicados, y si esto es así, es porque se escribe demasiado. La oferta ahora, paradójicamente en un tiempo cuando se dice que se lee poco, es abrumadora, y las mesas de novedades de las librerías están repletas de nuevas publicaciones. A mayor oferta, mayor confusión, y mayor es la tolerancia con respecto a lo que vale como obra literaria. Hay demasiados escritores. Hay demasiados libros. El negocio editorial es una franquicia sin filtros de calidad, y lo que se echa de menos es una librería pequeña, pero selectiva, donde el lector vaya a escoger un libro con la seguridad de que lo que se lleva tienen una mínima calidad literaria. Alguna queda, gracias a las Musas. Los escritores deberían tomarse todos un año sabático, o dos, y dejar que el lector vaya leyendo lo que ya está publicado, en lugar de ahogarse en océanos de papel enfurecidos. La imposibilidad de que nuestro deseo se cumpla radica en los lectores. La lectura es algo tan íntimo y democrático que resulta poco ético reprochar a un lector que lo que lee está en los últimos puestos de la tabla o ha descendido a segunda división. La culpa no es del lector. La culpa es del escaparate. Pero menos mal que existen miles de blogs literarios para satisfacer también los deseos de los letraheridos, y siempre nos quedarán los clásicos. ¿Los clásicos? ¿Qué son los clásicos....?. Pero eso es otro artículo.  
  

lunes, 19 de mayo de 2014

ONÍRICO PASEO...



XLIII


Es la tarde triste
Y acumula tristeza
La luz ya fugitiva
Detrás de las cortinas.

Es triste la foto de tu padre
Tan largo ya el silencio
De su voz, tan tangible
Su ausencia irrefutable.

Es triste la quietud
En la habitación vacía de las niñas
Y la foto de ellas con su madre
A pesar de su risa.

Es triste la cocina
Recogida, y el ronroneo
Obstinado del lavavajillas.

Son tristes los libros
Adormecidos en las baldas
Y son tristes sus páginas
Que añoran mis ojos,
Que algún a vez las transitaron,
Sus frases olvidadas.

Es triste este trozo de cielo
Que enmarca la ventana
Atrapado en sí mismo
Como un palíndromo.

Es triste la avenida infinita
Donde habita el vacío
Y la luz ambarina del crepúsculo
Malgasta su belleza.

Es triste la roca que me espera,
Imperturbable,
Al pie de la colina,
Con el rayo primero
De mañana.

domingo, 18 de mayo de 2014

PINCELADAS POÉTICAS: ELITIS



ODISSEAS ELITIS

   Ser poeta en la Grecia moderna es como ser hijo de Zeus mismo: es un don, y a la vez una responsabilidad que atemoriza. La sombra de una tradición poética sin igual en la historia de la literatura, la griega, es ,en sí misma, un motivo disuasorio de cualquier tentativa de continuarla sin convertirse en un mero epígono que, como el mismo Odiseo, a duras penas sobrevive en su frágil almadía. Sin embargo, Grecia siguió y sigue dando grandes poetas que, a pesar del peso de esa tradición, han sido capaces de transfigurar la poesía griega en una fusión entre lo antiguo y la modernidad: Kavafis, Seferis, Ritzos, son sólo algunos de los poetas que han vuelto a hacer de Grecia cuna de poetas sublimes. Odisseas elitis es, creemos, el mejor ejemplo de ello.

   Odisseas Elitis (Odisseas Alepudelis, Creta, 1911) es autor de una poesía entre lo alucinante y lo tangible, donde un surrealismo moderado, una poesía en apariencia pura, compuesta a base de trépano que extrae de los mármoles léxicos claroscuros bellos y herméticos, una metafísica a veces mística, a veces platónica, se mezclan en perfectos síntesis y equilibrio con el sentimentalismo más sincero, con la belleza desnuda, con una vocación ética para con una tierra que ha sufrido ocupaciones y guerras, con el mundo físico circundante, su mundo físico, Grecia y todo cuanto la conforma, convirtiéndose Elitis con sus versos en el nuevo cantor de la Grecia entendida no como una tierra cargada de historia, sino como un ente vivo y único. 

   El poema escogido forma parte de su poemario Es Digno (To axion esti, 1959), donde Elitis plasma con exactitud todo lo dicho más arriba. Se trata de un poema luminoso, repleto de texturas, colores, sonidos, aromas, peces, frutos y cuantas cosas comforman Grecia a los ojos de Elitis, si bien no es un poema meramente descriptivo. En Elitis, como en nuestro Machado, el paisaje físico se transforma en una suerte de paisaje interior del poeta, que, mediante una metafísica íntima, se aparece al lector como un lugar real, y a la vez soñado y sublimado, y, pese a esta transformación, el lector percibe un Grecia tangible y hermosa, donde el eco de lo que las bellas palabras griegas designan hechiza y transporta: bremas y percas (sparoi ke pérques), el azul (galáxia), esponjas, medusas (sfuggaria, méduses), granadas, membrillos (ródia, kidónia), aceite (ládi), pinzones (spínos), laureles y palmas (dáfnes ke bágia), incensiario e incienso (zimiató ke libanisma), o la preciosa "mantel de viñedos" (ampelomántila), hermosas todas parejas léxicas que conforman un lienzo vivo de una tierra que Elitis ama primero, y nosotros después, convirtiéndose en algo más que un poema: es un himno que se iguala, como mínimo, a los himnos de la lírica arcaica en el molde de una lírica nueva. Hagan ustedes este viaje. Sin duda vale la pena. 

II

La lengua me dieron griega;

pobre la casa en los arenales de Homero.

Mi único cuidado mi lengua en los arenales de Homero.

Allí bremas y percas

verbos que el viento azota

corrientes verdes en el azul

cuanto vi alumbrarse en mis entrañas

esponjas, medusas

con las primeras palabras de las Sirenas

conchas rosadas con los primeros estremecimientos.

Mi único cuidado mi lengua con los primeros estremecimientos.

Allí granadas, membrillos

dioses morenos, tíos y primos

que meten el aceite en enormes tinajas;

y brisas de la vaguada fragantes

de mimbre y lentisco

esparto y jengibre

con los primeros gorjeos de los pinzones,

dulces salmodias con los primerísimos Gloria a Ti.

¡Mi único cuidado mi lengua, con los primerísimos Gloria a Ti!

Allí laureles y palmas

incensario e incienso

que bendicen las luchas y los mosquetones.

En el suelo preparado con el mantel de viñedos

aroma de cordero asado, entrechocar de huevos de Pascua

y Cristo Resucitado,

con las primeras salvas de los griegos.

Amores secretos con las primeras palabras del Himno.

¡Mi único cuidado mi lengua, con las primeras palabras del Himno!

viernes, 16 de mayo de 2014

ONÍRICO PASEO....



X

ALMA MATER

Era un piso pequeño, pobremente amueblado
Al gusto de su dueño, cuya puerta se abría a una
Calle tranquila, a sólo una manzana del estrépito.

Allí vivíais, compañeros, durante aquellos años
De la universidad, cuando el mundo era sólo
Los umbríos pasillos de esa vetusta fábrica.

En aquellos cubículos tradujimos -¿recuerdas?-
A Esquilo o a Tucídides, libres, hermosos,
Con nuestra exigua maleta de los sueños
Aún por deshacer, acariciando Grecia,
Mientras llenábamos con versos nuestros vasos.

A la luz de las lámparas tristes, entrada ya la noche,
Estudiábamos con la ventana abierta, y las damas de noche
Sugerían, sutiles, los días inefables del oráculo,
De una antístrofa oscura o de los aoristos.

Tal vez fuera el último año de la universidad:
El único año último de un inocente anhelo
Antes de que la vida sin más nos dispersara, 
O el párodos solemne de una tragedia ática.

Era un lugar pequeño con grandes esperanzas,
Unas cuantas postales de kilix y de ánforas
En las viejas paredes y Aristófanes mudo
Sobre el mítico mundo de la mesa de estudio.

Luego vino, como mandan los cánones, el éxodo,
Algún Deus ex Machina y la inevitable ruina de los clásicos.




PINCELADAS POÉTICAS. CABALLERO BONALD




 PINCELADAS POÉTICAS



J.M. CABALLERO BONALD

   Elegimos esta vez a un poeta nuestro, J.M. Caballero Bonald (Jerez de la Frontera, 1926), escritor y poeta, ganador de numerosos premios literarios y prolijo compositor de hermosos poemas. La poesía de C.B. es una poesía de lo concreto, una reflexión profunda y única sobre la vida, sobre las vivencias (la vida me ha ido dejando/sin venenos), las relaciones interpersonales e intrapersonales (temor de estar perdido y de tener/que convivir con estos mentacatos), las pequeñas cosas permanentes (tristeza de la luz/ de acetileno y de los zócalos/tan blancos de los hospitales), la historia -personal y de su tierra- (cómo sería aquel árbol sensitivo/que crecía en la Argólida) el, en fin, tortuoso, a veces salpicado de efímeras alegrías, oficio de vivir.
   El poema que transcribimos aquí forma parte de su poemario La noche no tiene paredes (2009), y es una reflexión sobre el paso del tiempo y su tenaz labor desazonante, tema recurrente en la poética del jerezano. En él J.M. Caballero Bonald compendia en un puñado de versos algunas consecuencias de pasar por esta vida,nuestra vida, como la insatisfacción (...los trazos malogrados del placer), el cambio de uno mismo en alguien diferente (ya no te reconoces/sino a ratos perdidos), o la consciencia de que la llama va ya disminuyendo, invocando las sombras y oscureciendo el pasado, cada vez más lejano (el negro espejo roto del recuerdo...), concluyéndolo dramáticamente, que es como concluye siempre nuestra vida, pese a lo que algunos digan, con una referencia implícita a la tragedia griega y sus trágicas máscaras. Que lo disfruten.




FRENTE AL ESPEJO, LA AFANOSA MÁSCARA








Frente al espejo, la afanosa máscara:

los remisos bosquejos de los años

reproduciendo apenas una imagen

difusa, los trazos derogados

del placer.

                 Ya no te reconoces

sino a ratos perdidos, humo tenaz

de esos cristales inclementes

empañando los ojos y el charquito del tedio

allí dentro embalsado como una decepción.



Oh dioses despiadados

que ciegan con engaños al vidente.

El negro espejo roto de los años

a escondidas te mira

                           y allí mismo descubres

el espectral reflejo de la máscara.