domingo, 18 de mayo de 2014

PINCELADAS POÉTICAS: ELITIS



ODISSEAS ELITIS

   Ser poeta en la Grecia moderna es como ser hijo de Zeus mismo: es un don, y a la vez una responsabilidad que atemoriza. La sombra de una tradición poética sin igual en la historia de la literatura, la griega, es ,en sí misma, un motivo disuasorio de cualquier tentativa de continuarla sin convertirse en un mero epígono que, como el mismo Odiseo, a duras penas sobrevive en su frágil almadía. Sin embargo, Grecia siguió y sigue dando grandes poetas que, a pesar del peso de esa tradición, han sido capaces de transfigurar la poesía griega en una fusión entre lo antiguo y la modernidad: Kavafis, Seferis, Ritzos, son sólo algunos de los poetas que han vuelto a hacer de Grecia cuna de poetas sublimes. Odisseas elitis es, creemos, el mejor ejemplo de ello.

   Odisseas Elitis (Odisseas Alepudelis, Creta, 1911) es autor de una poesía entre lo alucinante y lo tangible, donde un surrealismo moderado, una poesía en apariencia pura, compuesta a base de trépano que extrae de los mármoles léxicos claroscuros bellos y herméticos, una metafísica a veces mística, a veces platónica, se mezclan en perfectos síntesis y equilibrio con el sentimentalismo más sincero, con la belleza desnuda, con una vocación ética para con una tierra que ha sufrido ocupaciones y guerras, con el mundo físico circundante, su mundo físico, Grecia y todo cuanto la conforma, convirtiéndose Elitis con sus versos en el nuevo cantor de la Grecia entendida no como una tierra cargada de historia, sino como un ente vivo y único. 

   El poema escogido forma parte de su poemario Es Digno (To axion esti, 1959), donde Elitis plasma con exactitud todo lo dicho más arriba. Se trata de un poema luminoso, repleto de texturas, colores, sonidos, aromas, peces, frutos y cuantas cosas comforman Grecia a los ojos de Elitis, si bien no es un poema meramente descriptivo. En Elitis, como en nuestro Machado, el paisaje físico se transforma en una suerte de paisaje interior del poeta, que, mediante una metafísica íntima, se aparece al lector como un lugar real, y a la vez soñado y sublimado, y, pese a esta transformación, el lector percibe un Grecia tangible y hermosa, donde el eco de lo que las bellas palabras griegas designan hechiza y transporta: bremas y percas (sparoi ke pérques), el azul (galáxia), esponjas, medusas (sfuggaria, méduses), granadas, membrillos (ródia, kidónia), aceite (ládi), pinzones (spínos), laureles y palmas (dáfnes ke bágia), incensiario e incienso (zimiató ke libanisma), o la preciosa "mantel de viñedos" (ampelomántila), hermosas todas parejas léxicas que conforman un lienzo vivo de una tierra que Elitis ama primero, y nosotros después, convirtiéndose en algo más que un poema: es un himno que se iguala, como mínimo, a los himnos de la lírica arcaica en el molde de una lírica nueva. Hagan ustedes este viaje. Sin duda vale la pena. 

II

La lengua me dieron griega;

pobre la casa en los arenales de Homero.

Mi único cuidado mi lengua en los arenales de Homero.

Allí bremas y percas

verbos que el viento azota

corrientes verdes en el azul

cuanto vi alumbrarse en mis entrañas

esponjas, medusas

con las primeras palabras de las Sirenas

conchas rosadas con los primeros estremecimientos.

Mi único cuidado mi lengua con los primeros estremecimientos.

Allí granadas, membrillos

dioses morenos, tíos y primos

que meten el aceite en enormes tinajas;

y brisas de la vaguada fragantes

de mimbre y lentisco

esparto y jengibre

con los primeros gorjeos de los pinzones,

dulces salmodias con los primerísimos Gloria a Ti.

¡Mi único cuidado mi lengua, con los primerísimos Gloria a Ti!

Allí laureles y palmas

incensario e incienso

que bendicen las luchas y los mosquetones.

En el suelo preparado con el mantel de viñedos

aroma de cordero asado, entrechocar de huevos de Pascua

y Cristo Resucitado,

con las primeras salvas de los griegos.

Amores secretos con las primeras palabras del Himno.

¡Mi único cuidado mi lengua, con las primeras palabras del Himno!

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