viernes, 16 de mayo de 2014

PINCELADAS POÉTICAS. CABALLERO BONALD




 PINCELADAS POÉTICAS



J.M. CABALLERO BONALD

   Elegimos esta vez a un poeta nuestro, J.M. Caballero Bonald (Jerez de la Frontera, 1926), escritor y poeta, ganador de numerosos premios literarios y prolijo compositor de hermosos poemas. La poesía de C.B. es una poesía de lo concreto, una reflexión profunda y única sobre la vida, sobre las vivencias (la vida me ha ido dejando/sin venenos), las relaciones interpersonales e intrapersonales (temor de estar perdido y de tener/que convivir con estos mentacatos), las pequeñas cosas permanentes (tristeza de la luz/ de acetileno y de los zócalos/tan blancos de los hospitales), la historia -personal y de su tierra- (cómo sería aquel árbol sensitivo/que crecía en la Argólida) el, en fin, tortuoso, a veces salpicado de efímeras alegrías, oficio de vivir.
   El poema que transcribimos aquí forma parte de su poemario La noche no tiene paredes (2009), y es una reflexión sobre el paso del tiempo y su tenaz labor desazonante, tema recurrente en la poética del jerezano. En él J.M. Caballero Bonald compendia en un puñado de versos algunas consecuencias de pasar por esta vida,nuestra vida, como la insatisfacción (...los trazos malogrados del placer), el cambio de uno mismo en alguien diferente (ya no te reconoces/sino a ratos perdidos), o la consciencia de que la llama va ya disminuyendo, invocando las sombras y oscureciendo el pasado, cada vez más lejano (el negro espejo roto del recuerdo...), concluyéndolo dramáticamente, que es como concluye siempre nuestra vida, pese a lo que algunos digan, con una referencia implícita a la tragedia griega y sus trágicas máscaras. Que lo disfruten.




FRENTE AL ESPEJO, LA AFANOSA MÁSCARA








Frente al espejo, la afanosa máscara:

los remisos bosquejos de los años

reproduciendo apenas una imagen

difusa, los trazos derogados

del placer.

                 Ya no te reconoces

sino a ratos perdidos, humo tenaz

de esos cristales inclementes

empañando los ojos y el charquito del tedio

allí dentro embalsado como una decepción.



Oh dioses despiadados

que ciegan con engaños al vidente.

El negro espejo roto de los años

a escondidas te mira

                           y allí mismo descubres

el espectral reflejo de la máscara.


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