CÉSARE PAVESE VUELVE POR VACACIONES (ABRIL, 2011)
Termino la lectura de la novela de Césare Pavese Entre mujeres solas (Tra
Donne Sole) que bien podría subtitularse (siempre entre paréntesis) Pavese o la tristeza. Comencé a leerla
siendo Feria en Sevilla, durante el vuelo de ida hacia Barcelona camino de
Asturias. Mi comedido y siempre bien controlado miedo a los aviones me obliga a
concentrarme en la lectura de los primeros capítulos sin desfallecer, difíciles
para quienes leen al turinés por primera vez, para no pensar en que mis pies
están a varios miles de metros de altitud. Yo, que he leído varias novelas de
Césare Pavese, sé que lo que en principio parece una novela densa, tal vez
aburrida, va cobrando fuerza e interés a medida que avanzan los capítulos y te
atrapan entonces los diálogos de los numerosos personajes, la descripción de
ambientes –de las calles invernales de un Turín entre onírico y real en este
caso, de sus salones y su vida diaria- , la psicología de sus personajes, casi
todos de la burguesía de la ciudad, ociosa y consumida por el aburrimiento, de,
en fin, esa manera tan particular y atinada, elegante siempre, con que Pavese
suele retratar las vidas de unos seres humanos, que, como él, encontraban a
veces insoportable el oficio de vivir y el tedio que, a la larga, nos causa
todo cuanto nos rodea cuando ya no se espera casi nada de la vida. Por eso lo
de subtitular la novela Pavese o la
tristeza, porque sus personajes son tristes y lo que ellos reflejan de su existencia
es esencialmente tristeza y tedio, buscando en las frecuentes fugas nocturnas
por los pueblos de los alrededores los garitos, a veces elegantes, a veces
sórdidos, donde ahogar con alcohol su visión nihilista de la vida. Al final
descubres que el de San Estéfano Belbo ya nos decía en esta su última novela lo
que él pensaba hacer con la suya, siendo casi imposible evitar establecer,
durante la lectura, evidentes paralelismos entre Roseta, uno de los personajes
de Tra Donne Sole y él mismo. Y a
quienes nos gusta Césare Pavese ello nos causa estupor y cierto pánico.

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