martes, 6 de mayo de 2014

DE ENTRE LOS LIBROS



CÉSARE PAVESE VUELVE POR VACACIONES (ABRIL, 2011)



Termino la lectura de la novela de Césare Pavese Entre mujeres solas (Tra Donne Sole) que bien podría subtitularse (siempre entre paréntesis) Pavese o la tristeza. Comencé a leerla siendo Feria en Sevilla, durante el vuelo de ida hacia Barcelona camino de Asturias. Mi comedido y siempre bien controlado miedo a los aviones me obliga a concentrarme en la lectura de los primeros capítulos sin desfallecer, difíciles para quienes leen al turinés por primera vez, para no pensar en que mis pies están a varios miles de metros de altitud. Yo, que he leído varias novelas de Césare Pavese, sé que lo que en principio parece una novela densa, tal vez aburrida, va cobrando fuerza e interés a medida que avanzan los capítulos y te atrapan entonces los diálogos de los numerosos personajes, la descripción de ambientes –de las calles invernales de un Turín entre onírico y real en este caso, de sus salones y su vida diaria- , la psicología de sus personajes, casi todos de la burguesía de la ciudad, ociosa y consumida por el aburrimiento, de, en fin, esa manera tan particular y atinada, elegante siempre, con que Pavese suele retratar las vidas de unos seres humanos, que, como él, encontraban a veces insoportable el oficio de vivir y el tedio que, a la larga, nos causa todo cuanto nos rodea cuando ya no se espera casi nada de la vida. Por eso lo de subtitular la novela Pavese o la tristeza, porque sus personajes son tristes y lo que ellos reflejan de su existencia es esencialmente tristeza y tedio, buscando en las frecuentes fugas nocturnas por los pueblos de los alrededores los garitos, a veces elegantes, a veces sórdidos, donde ahogar con alcohol su visión nihilista de la vida. Al final descubres que el de San Estéfano Belbo ya nos decía en esta su última novela lo que él pensaba hacer con la suya, siendo casi imposible evitar establecer, durante la lectura, evidentes paralelismos entre Roseta, uno de los personajes de Tra Donne Sole y él mismo. Y a quienes nos gusta Césare Pavese ello nos causa estupor y cierto pánico. 



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