JERZY LIEBERT. ANTOLOGÍA POÉTICA
De Liebert diré poco, porque aún le
estoy hincando el diente. Como otros muchos poetas magníficos,
Liebert muere joven, y la obra que deja tras de sí es, por tanto, una pequeña
joya por escasa, una rareza literaria. Además, la poesía de H.L. no es fácil: es
poesía con una profunda carga espiritual, donde Dios y todo lo creado por él
constituyen los temas casi exclusivamente de sus versos. No obstante, la poesía
de Liebert es delicada, sutil, sin estridencias y no cae nunca en la morbidez
característica que estos temas tienden a ofrecer. A pesar de tratar temas
espirituales, los poemas del polaco se llenas de bellas imágenes que bien
podrían tener como referente otra idea que no fuera la idea de dios. Pero sobre
todo, lo que hace a su poesía legible para cualquiera que ame el género, es el
amor profundo que el autor, joven y enfermizo, tiene por la naturaleza. En este
punto recuerda mucho al Juan Ramón de su etapa de Poesía Desnuda. No en vano,
nos enteramos en la introducción, después de leer algunos poemas y sentir
curiosidad por el hombre/poeta, que Liebert escribió un ensayo titulado La poesie pure.
Para Liebert, La oración
y la poesía tienen mucho que ver, como demuestran los poemas de la antología
incluidos en esta edición bilingüe (Rialp, Madrid 2005), verdaderos cantos a la
creación y a su hacedor, trabajadas piezas repletas de imágenes sencillas, mas
hermosísimas. Liebert adoraba a los poetas rusos post Revolución de Octubre,
muchos de ellos desconocidos, (los imaginistas, los simbolistas, acmeistas,
Turgeivev, etc), por lo que el resultado de su poesía, indudablemente
influenciada por todos ellos, es una paleta de colores extraordinariamente
amplia y rica, una poesía delicada y hermosa que consigue versos casi
perfectos, tallados con trépano, donde el eco de las imágenes y de las ideas
resuena al final entre sus oquedades, haciendo que interrumpamos la lectura y
miremos al cielo para escuchar atentamente esta reverberación de palabras y
reflexionar: “Somos campanas, campanas
que susurran/ como campos henchidos de trigo”; o bien: “noches, que a su seno nos arrojan y en su oscuridad nos/ahogan”;
“cuando la aurora rompa sobre nosotros como turquesa/ preciosa”.
Maravilloso, Liebert.
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