XLIII
Es la
tarde triste
Y acumula
tristeza
La luz ya
fugitiva
Detrás de
las cortinas.
Es triste
la foto de tu padre
Tan largo
ya el silencio
De su voz,
tan tangible
Su
ausencia irrefutable.
Es triste
la quietud
En la
habitación vacía de las niñas
Y la foto
de ellas con su madre
A pesar de
su risa.
Es triste
la cocina
Recogida,
y el ronroneo
Obstinado
del lavavajillas.
Son
tristes los libros
Adormecidos
en las baldas
Y son
tristes sus páginas
Que añoran
mis ojos,
Que algún
a vez las transitaron,
Sus frases
olvidadas.
Es triste
este trozo de cielo
Que
enmarca la ventana
Atrapado
en sí mismo
Como un
palíndromo.
Es triste
la avenida infinita
Donde
habita el vacío
Y la luz
ambarina del crepúsculo
Malgasta
su belleza.
Es triste
la roca que me espera,
Imperturbable,
Al pie de
la colina,
Con el
rayo primero
De mañana.
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